Por Emmanuel Rincón – El American

Argentina llegó a ser el país más rico del mundo, en el año 1895, mucho antes de la llegada del peronismo al poder, la nación sudamericana tenía el PIB per capita más elevado del planeta tierra, ubicado en 5,786 dólares, seguida por Estados Unidos, Bélgica, Australia y el Reino Unido.

Sin embargo, en la actualidad, Argentina se ha convertido en una de las naciones más miserables del mundo debido a las grandes intervenciones a su economía, el proteccionismo exacerbado, la estatización y las políticas socialistas que iniciaron con la llegada del peronismo al poder.

Hace un poco más de un siglo Argentina tenía una de las economías más liberales del mundo, aquello propició que los argentinos comenzaran a trabajar en el campo, y a exportar materia prima a Gran Bretaña, quien fue durante muchos años su principal socio comercial.

El presidente Julio Argentino Roca fue quizás el mayor artífice del crecimiento económico del país, en su primer mandato se produjo una expansión de la tierra, el trabajo y el capital, debido a la inmigración que fue muy bien aprovechada, con el otorgamiento de tierras disponibles. En aquel entonces la lana de oveja era uno de los principales productos de exportación y además la carne argentina se fue ganando una enorme reputación en los mercados internacionales.

Bajo el mandato de Roca se produjo la llamada “Conquista del desierto”, que anexó al control del país millones de hectáreas, que posteriormente serían aprovechadas para fortalecer e incrementar la producción y por ende, la economía argentina; durante ese período en la economía de la Pampa, se pasó de cultivar 2 millones de hectáreas, a más de 20 millones; la producción de carne y granos también aumentó exponencialmente, y de a poco, Argentina, vendiendo al exterior sus productos, se convirtió en el país más rico del planeta.

Julio Argentino Roca (Wikipedia)

La nación sudamericana fue además un ejemplo exitoso de inclusión migrante: italianos, judíos, portugueses, alemanes, españoles, y guaraníes conformaron el más grueso grupo inmigrante; varios de estos llegaron con capital para invertir, lo que repercutió de manera favorable en el país. Entre la década de 1870 y 1920, más del 70 % de la inversión extranjera en la región llegó a Argentina.

Sin embargo, la Primera Guerra Mundial y la gran depresión de Estados Unidos afectó la economía del país pues sus principales socios comerciales perdieron capacidad de pago.

El 1 de mayo de 1933 se firma el tratado Pacto—Roca—Runciman que establecía que el Reino Unido se comprometía a continuar comprando carnes argentinas siempre que su precio fuera menor al de los demás proveedores mundiales. Como contraparte, Argentina aceptó la liberación de impuestos para productos británicos al mismo tiempo que tomó el compromiso de no habilitar frigoríficos de capitales nacionales; esto hizo que llegada la Segunda Guerra Mundial, Argentina alcanzara un excedente comercial de 1,7 mil millones de dólares acumulados; y entonces llegó el sujeto que cambiaría para siempre la historia del país: Juan Domingo Perón.

El nacimiento del peronismo

El teniente coronel Perón se hinchó de popularidad al ejercer como Secretario de Trabajo y Previsión, haciendo nexos con los sindicatos de trabajadores socialistas y comunistas del país, consiguiendo negociaciones que supuestamente favorecían a los empleados; la popularidad de Juan Domingo fue creciendo hasta llegar a convertirse en vicepresidente, y luego ser electo presidente de Argentina.

Durante la primera etapa peronista, su gobierno se caracterizó por mantener un exacerbado gasto público que justificaba con “redistribuir el ingreso hacia los más pobres”, y empezar a intervenir con fuerza la economía.

Juan Domingo Perón junto a Eva Perón (Archivo)

Juan Domingo Perón empezó a imponer fuertes aranceles a las importaciones y exportaciones, de hecho, los cuatro principios fundamentales de su discurso fueron: “mercado interno”, “nacionalismo económico”, “rol preponderante del Estado”, y “papel central de la industria”; bajo estos principios procedió a nacionalizar el Banco Central de Argentina en 1946, también fueron estatizadas todas las líneas férreas del país entre 1946 y 1948, que antes pertenecían a  empresas británicas y francesas.

Empezó a construir un discurso populista de índole nacional socialista, inspirado en los tiempos que vivió de cerca el fascismo de Mussolini en Italia, y el nazismo alemán de Hitler; de hecho, Argentina fue acusada durante la era Perón de recibir y hacer negocios con los nazis.

Bajo estos “principios económicos”, también se lanzaron las “20 verdades peronistas”, que se convirtieron en mandamientos bíblicos para gran parte de los argentinos, algunas de las “verdades” más propagadas por su gobierno fueron:

  • Para un peronista de bien, no puede haber nada mejor que otro peronista.
  • Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos, damos al pueblo un abrazo de justicia y amor.

Cuando Perón asumió como presidente en el año 1946 había aproximadamente 500,000 trabajadores agremiados; ya en el año 1951 esta cifra había sido elevada a 3 millones.

De esta forma inició la gran debacle económica argentina, los factores domésticos impulsados por Perón: impresión descontrolada de billetes, alto gasto público, inflación excesiva, proteccionismo elevado y un exceso de regulaciones, fueron dañando la competencia empresarial de la nación, pulverizando los márgenes de producción, y derrumbando la bonanza económica, a cambio de una “redistribución de los ingresos”; los argentinos empezaron a empobrecerse, pero tenían al frente a un hombre que les decía que estaba luchando por ellos.

Juan Domingo Perón (Archivo)

Los problemas económicos suscitados en Argentina tras ser la economía más pujante del planeta, junto a desencuentros de Perón con la Iglesia, censuras comunicacionales a la “oposición”, y la violación de Derechos Humanos, propiciaron el golpe de Estado que sacaría a Juan Domingo del poder en el año 1955 y lo llevaría al exilio.

Desafortunadamente para los argentinos, los militares que vinieron a sustituir a Perón, no lo hicieron mucho mejor; adheridos a la fiebre peronista basaron sus objetivos en un gasto público descontrolado y continuaron endeudando al país y enterrando la economía nacional; todo esto serviría de impulso para que 18 años después, Juan Domingo Perón volviera del exilio para ser electo presidente.

El mesianismo de Perón

Curiosamente en la llegada de un Perón envejecido se suscitó un enfrentamiento a los alrededores del aeropuerto de Ezeiza (Buenos Aires) entre una guerrilla comunista y una guerrilla de derecha, ambas apoyaban a Juan Domingo; por esta desnaturalización ideológica en la que grupos tan contrarios apoyaban al peronismo, es que se dice que “todos los argentinos son peronistas”.

El enfrentamiento terminó convertido en una masacre que dejó una docena de muertos; finalmente Perón le daría la espalda a la guerrilla comunista, a pesar de declarase socialista; aunque ciertamente si se analizan las políticas peronistas y sus aliados ideológicos, lo que mejor encaja con los postulados peronistas es el fascismo.

Al poco tiempo Perón murió enfermo, su regreso triunfal no tuvo la gloria tan esperada para los argentinos, y le sustituyó en la presidencia su esposa, María Estela Martínez de Perón, quien fungía como vicepresidenta de Argentina.

María Estela Martínez, ‘Isabelita Perón’ haciendo el saludo fascista (Archivo)

De todos los presidentes que vendrían después, Carlos Menem fue el único que intentó abrir el mercado argentino y romper el cerco proteccionista, pero lo hizo acompañado de un enorme gasto público y políticas populistas, al más fiel estilo peronista, por lo que nunca pudo balancear el patrimonio público argentino.

Después llegaron los Kirchner, quienes también se denominan peronistas, pero más radicalizados a la izquierda, y el populismo no paró, el resultado: hoy en día la economía Argentina es una de las más miserables del mundo y el peso argentino se devalúa constantemente.

El fenómeno Milei y el liberalismo

Lo que ha sucedido en las últimas décadas en Argentina no es un hecho aislado, la mayoría de naciones sudamericanas han sido penetradas por el discurso socialista de la “redistribución de la riqueza”, y han visto como sus países se han empobrecido provocando migraciones masivas, tal como ha ocurrido en Venezuela, Cuba y la propia Argentina.

Sin embargo, recientemente, la escuela austriaca de economía ha recobrado un gran impulso en el cono sur de América, con referentes en Argentina como es el caso del economista Javier Milei, quien además se ha lanzado al ruedo político para hacerse con un escaño en el Congreso y cambiar las bases políticas, económicas y culturales de la nación.

Javier Milei (Wikipedia)

El pasado domingo en Argentina se llevaron a cabo las elecciones primarias denominadas PASO, en ellas el peronismo kirchnerista perdió en las principales provincias del país, siendo catalogada como una derrota “histórica” por la prensa local.

Javier Milei fue uno de los candidatos más votados, y de mantenerse la tendencia de las primarias conseguiría un escaño en el Congreso de la nación, junto a otros referentes y políticos liberales como es el caso del excandidato presidencial, Ricardo López Murphy.

Luego de los históricos resultados el riesgo país de Argentina cayó en un 50 % y las acciones en la bolsa se dispararon, dando muestra de la confianza que genera en inversionistas la llegada al Congreso de referentes liberales.

Ciertamente todavía es muy pronto para cantar victoria y el liberalismo sigue sin ser mayoría en Argentina, pero no se puede negar que este es un comienzo esperanzador no solo para el país austral, sino también para todas las naciones de América del Sur que necesitan desesperadamente un cambio en sus bases económicas, políticas y culturales para superar la pobreza y miseria que han perpetuado los gobiernos de corte socialista en la región.


Parte de la información contenida en este artículo ha sido tomada del libro de Emmanuel Rincón: La reinvención ideológica de América Latina.

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