Por Gabriela Moreno – Panampost.com

Una jornada perdida. Un proceso sin sentido. Un gasto electoral innecesario. Todo eso y más puede decirse ahora de las primarias del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) celebradas este domingo 8 de agosto ante el anuncio de que quienes ganaron no se convertirán “automáticamente” en candidatos del régimen de Nicolás Maduro para la farsa electoral del próximo 21 de noviembre. ¿Y entonces para qué son unas primarias? ¿Qué pueden esperar los «opositores» que decidan participar cuando ni siquiera hay respecto al voto dentro de las filas de chavismo?

Las preferencias de la base que aún respalda el desastre socialista quedan rezagadas y frustradas. Nada podrán hacer porque es una directriz de la cúpula que comanda la tolda roja, divulgada por el candidato electo para la gobernación del estado Táchira, Freddy Bernal, quien repitió la advertencia del vicepresidente de la organización política, Diosdado Cabello, señalando que quienes obtuvieron los votos en la medición interna no pueden asumir que son ganadores.

Absurdo y antidemocrático pero es así. ¿Por qué? “es sencillo”, afirma Bernal. “Una cosa es el debate interno y otra la batalla hacia el 21 de noviembre. Y nosotros tenemos la obligación de ver hacia el 21. Cómo ganar cada una de las 29 alcaldías del estado Táchira. Y en ese sentido la dirección nacional del PSUV analizará, hará encuestas, proyecciones, revisiones y tomará mejores decisiones para la victoria”. Sus declaraciones ruedan en un video viralizado en Twitter.

Ironía socialista

Bernal matiza el abuso contra la voluntad de la militancia chavista que se expresó en las urnas. Resalta que en el partido están “profundamente satisfechos” con el proceso, cuyo resultado oficial solo se notificó a quienes pasarán a la contienda en 14 estados donde la tendencia es «irreversible». En el chavismo cuenta con que habrá participación de la oposición, pues pese a que ni siquiera han comenzado las negociaciones en México, donde los adversario que dirige Juan Guaidó tomarán una decisión, ya en las regiones del país hay dirigentes políticos –la mayoría del partido Voluntad Popular– desplegando su campaña electoral con miras al 21 de noviembre.

En los estados fronterizos con Colombia ganaron las ficha de Diosdado Cabello: Táchira con Freddy Bernal y Zulia con Omar Prieto; pero en los estados centrales, Carabobo y Miranda, fueron las de Nicolás Maduro, con Rafael Lacava y Héctor Rodríguez, respectivamente.

Por eso, la maniobra sería un “compromiso con la vida y una lección de democracia”. Así definió Bernal la jugada de desconocer la participación de 3.500.000 electores de la base del PSUV en las primarias. Una muestra de su talante democrático.

Esta cifra podría estar dejando en evidencia la inconformidad dentro de las propias bases chavistas, considerando que en el pasado se duplicaba. Ahora el oficialismo sólo cuenta con el 15 % del padrón electoral total del país, que alcanza más de 20 millones de electores que estaban convocados a participar en estas primarias abiertas.

Oposición de adorno

Pero “en consecuencia, el liderazgo opositor tiene que saber que el PSUV no es un partido muerto. No lo va a desplazar de la noche a la mañana sin tomar en cuenta ese porcentaje de apoyo que tiene en la población”, sostiene El Tiempo. También habría que sumarle el desgaste y la desconfianza dentro de las filas opositoras frente a procesos electorales que no ofrecen el cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres que prometía Guaidó.

Aunque claramente el porcentaje de participación con relación a la militancia de la que presume el régimen fue muy baja, para Nicolás Maduro, más que medir el apoyo interno y escoger candidatos, le interesa dejarle claro a la oposición que el 21 de noviembre hará sus elecciones independientemente del resultado de las conversaciones en México.

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