Fuente: Israel Noticias

Algunas personas vacunadas contra el coronavirus pueden tener un nivel de anticuerpos mucho más bajo que otras personas inoculadas y, por tanto, corren más riesgo de infectarse, según ha demostrado una nueva investigación pionera del Centro Médico Sheba de Tel Hashomer publicada el miércoles en el New England Journal of Medicine.

El hallazgo podría representar una clave para entender quién debe recibir una tercera vacuna, dijo el Dr. Gili Regev-Yochay, director de la Unidad de Epidemiología de Enfermedades Infecciosas de Sheba y autor principal del estudio.

Además, el nivel de anticuerpos está directamente relacionado con la carga viral de los individuos vacunados y con el riesgo de que infecten a otros.

Sheba documentó 39 casos de avance entre unos 11.000 de sus trabajadores que habían sido completamente vacunados -lo que significa que habían pasado al menos diez días desde la segunda inyección de Pfizer- en los tres meses anteriores.

Según explicó Regev-Yochay, la edad media de los infectados era de 42,5 años. Alrededor de un tercio de los casos eran completamente asintomáticos, el 10% padecía síntomas muy leves, el 21% experimentaba fiebre y otro 19,4% presentaba los llamados “síntomas de la larga Covid 19” -desde la pérdida del gusto y el olfato hasta el agotamiento- durante más de seis semanas.

Además, casi 5.000 trabajadores sanitarios se sometieron a pruebas serológicas rutinarias.

Los investigadores pudieron comparar el nivel de anticuerpos de los que se infectaron -medido justo antes de que se detectara el virus- con el de otros miembros del personal de características similares (sexo, edad, salud general, etc.) que no se infectaron.

“Esta fue la parte más importante del estudio”, dijo Regev-Yochay en una rueda de prensa. “Lo que vimos es que las personas que se infectaron tenían anticuerpos neutralizantes tres veces más bajos que los que no se infectaron. Si consideramos el pico de anticuerpos registrado tras la inoculación, el nivel de los infectados era siete veces menor que el de los que no se infectaron”.

El estudio marca la primera vez que se demuestra tal correlación con datos de pacientes reales.

“Esta es la razón por la que un estudio sobre un grupo relativamente pequeño de individuos se ha publicado en una revista tan prestigiosa”, señaló Regev-Yochay.

Además, el estudio también documentó una conexión entre el nivel de anticuerpos y la carga viral -cantidad de partículas de virus en el cuerpo-, que está directamente relacionada con el nivel de infectividad de un portador del virus.

“Las personas que tenían un mayor nivel de anticuerpos neutralizantes también presentaban una menor carga viral, lo que significa que era más improbable que infectaran a otras personas”, señaló el doctor. “Esto también demuestra que las personas vacunadas tienen menos probabilidades de infectar a otras personas”.

Alrededor del 85% de los casos considerados en el estudio estaban infectados con la variante Alfa, también conocida como Británica, ya que la investigación se llevó a cabo en un periodo en el que la variante Delta, actualmente dominante, aún no estaba presente en Israel.

Sin embargo, Regev-Yochay afirmó que la correlación entre los anticuerpos y el nivel de protección sigue siendo relevante.

Aunque la investigación no arroja luz sobre cómo disminuye la eficacia de la vacuna con el paso del tiempo, la conexión entre el nivel de anticuerpos y la infección puede ayudar a determinar quiénes necesitan más una tercera vacuna contra el coronavirus, una medida que las autoridades israelíes están considerando firmemente para las personas mayores.

“Creo que estos datos sobre la correlación entre los anticuerpos y la infección son importantes para entender cuál es la población de riesgo y a partir de ahí quizá empezar a pensar en quién debe recibir una tercera dosis y cuándo”, concluyó Regev-Yochay.

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