Denunció un supuesto caso de corrupción en su unidad, en el Seprona de Sevilla, donde detectó unas irregularidades en la tramitación de denuncias sobre el comercio ilegal de productos pesqueros e inmaduros. Después de un registro en la sede de la unidad, la denuncia se acabaría archivando. Pero para ella supuso el fin de su carrera. Desde el año 2015, María Teresa Serrano, entonces sargento primera y hoy brigada de la Guardia Civil, lleva 18 pleitos contra la administración. Un juzgado militar la ha procesado por denuncia falsa y por un delito contra la administración de la Justicia Militar. “Que un juez considerara que no llegaba a la categoría de delito no quiere decir que mi denuncia fuera falsa”, dice hoy, aún pendiente de juicio.

 

Su pelea le motivó un enfrentamiento con el entonces coronel jefe de la comandancia de Sevilla, Fernando Mora Moret. Una testigo calificó el encuentro entre ambos como “la mayor bronca” que había presenciado en los 24 años que llevaba de servicio. Para un juez militar, en cambio, aquello no pasó de una “riña paternal”. Esto hizo que el caso llegara incluso al Congreso de los Diputados. La Guardia Civil denunció a la brigada por denuncia falsa, le retiró la especialidad y ordenó su traslado a Madrid, a las conducciones de detenidos y presos. Y también abrió un procedimiento para desahuciarla de la vivienda en la que residía en el acuartelamiento de Montequinto.

Esta suboficial de la Benemérita descubrió a uno de sus hombres quitando denuncias y dando chivatazos a investigados. Lejos de apoyarla, sus superiores le recomendaron que “mirara para otro lado”. No lo hizo y le abrieron 17 procedimientos judiciales. Hasta ahora, ha ido ganando, pero le han hecho la vida imposible y hasta la han “desahuciado” de su vivienda en una Casa Cuartel sevillana.

– Entremos directamente en harina, ¿qué pasó en 2013 con un cabo primero que estaba a sus órdenes?

 

– El cabo primero Enrique Castillo se dedicaba a quitar denuncias que previamente habían sido puestas por él, otros compañeros o inspectores de pesca. Se dedicaba a redactar las alegaciones a expedientes sancionadores de comercio ilícito de recursos pesqueros. La Unión Europea había aportado mucho dinero a la Junta de Andalucía para acabar con la pesca de inmaduros mientras este personaje procuraba que las infracciones quedaran sin el castigo correspondiente. Además, daba chivatazos, pasaba información y asesoraba a los investigados por el Seprona de Sevilla y de otras ciudades. Era como tener al zorro al cuidado de las ovejas. Como jefe de la Unidad, yo no podía tolerarlo. Sin embargo, mi sorpresa fue que, cuando me puse a investigar ese caso de corrupción, mis superiores me echaban las culpas a mí, insistiendo de manera reiterada en que no hiciera absolutamente nada, que mirara para otro lado y dejara de sacar mierda de la Unidad del Seprona. Algo inaudito, pero, desgraciadamente, ésa fue la realidad.

 

– ¿A quién beneficiaba esta situación para que la conminaran a abandonar el caso de esa manera?

 

– Mi opinión es que me mandaban parar desde arriba porque había más de uno involucrado en esa trama. Yo no puedo probarlo, pero sé que cuando una corrupción se tapa, tan corrupto es el que lo hace como el que lo permite. No tengo ninguna duda de que, empezando por el cabo y terminando por el coronel jefe de la Comandancia, Fernando Mora Moré, si ha permitido esto, todos son igual de corruptos.

 

– ¿De qué cantidades estamos hablando? Entiendo que para que alguien arriesgue, debe tratarse de mucho dinero.

 

– Para empezar, le diré que, como mínimo, este señor realizaba estas prácticas desde el año 2000, y la multa más pequeña es de 60.000 euros. No sé qué parte se quedaba el cabo, pero el código penal es claro y tipifica su conducta de ilícita incluso en el caso de que lo hiciera gratis. Pero a mí no me cabe la menor duda de que recibía algo, aunque esto no sea lo más relevante el caso.

 

– No obstante, si estas prácticas se hacían desde tanto tiempo atrás y con varias empresas, estamos ante una trama bien organizada, lo que supondría un agravante más.

 

– Por supuesto. De hecho, y me resulta muy penoso tener que decirlo, mi mando directo, el teniente de la Sección del Seprona Diego Morillas, no quería que el guardia Javier Navarro y yo investigásemos. Nos decía que lo hiciéramos en horas libres, algo vergonzoso. Aun así, se trataba de algo que no estaba dispuesta a tolerar y lo investigamos. Probamos que había montada una organización. En muchas de las denuncias aparecía un cabo de la patrulla del Seprona de Dos Hermanas, un tal Félix, con el que Castillo acordaba rebajar el contenido de los expedientes sancionadores cuando la multa resultaba muy alta. Este cabo primero de Dos Hermanas llegó a tergiversar, falsificar y argumentar tres cosas diferentes hasta que la denuncia quedó en cero euros. La jugada salió muy bien y, como ésa, muchas más.

 

– ¿Se trata sólo de infracciones contra la normativa relativa a la pesca o también de otro tipo de asuntos como, por ejemplo, vertidos ilegales?

 

– Abarcaban todo tipo de infracciones ambientales. Primero las denunciaban para, después, elaborar los pliegos de descargo. El cabo primero Castillo es una manzana podrida dentro de un cesto, pero lo peor es que la cadena de mando, teniente, teniente coronel y coronel, cubran todo esto y, claro, cuando el coronel Fernando Mora Moré descubrió que yo no accedí a las presiones que recibí por parte del teniente instándome a mirar para otro lado, me llamó a su despacho para vociferarme, gritarme y humillarme diciendo que era yo la que no encajaba en la Unidad; que era yo quien lo estaba haciendo mal y la que tenía que coger las maletas y largarme. Eso dicho literalmente por este otro personaje, que hoy es general de brigada.

 

– ¿Me está diciendo que su entonces superior, el ahora general de brigada Fernando Mora Moré, le culpaba por investigar un caso de corrupción?

 

– Exactamente. Me abroncó por eso y yo denuncié esa bronca sin motivos que recibí de este personaje ante el Tribunal Central Militar de Madrid. Pero hubo un coronel juez que resolvió que allí había ocurrido una ‘riña paternal’. Es decir, a mí, una sargento primero con 28 años de experiencia ¿me va a venir un coronel a vociferarme y otro coronel juez me dice que es una ‘riña paternal’? Esto es vergonzoso.

 

– ¿También el juez estaba conchabado?

 

– Hasta ahí no puedo llegar, pero sí le diré que, si uno lo hizo mal, el otro lo hizo peor. De todas formas, al echarme de enemigo a este coronel, después de todo lo malo, vendría lo peor. Empezaron a lloverme expedientes disciplinarios y de cese en el destino, pérdida de especialidad, revocación del destino, traslado a Madrid, desalojo de mi vivienda… Ahora, poco a poco y después de tantos años, se está viendo luz al final del túnel porque estoy ganando sentencias, pero no sucede nada. A mí me echaron de mi casa por un informe de este coronel.

 

– Entiendo que de su casa en el Cuartel de la Guardia Civil.

 

– Sí. Yo vivía en la Comandancia de Sevilla. Por informe de este hombre me desalojaron de manera forzosa mientras estaba en Bruselas, en el Parlamento Europeo, participando precisamente en unas jornadas anticorrupción. Cuando volví a Sevilla no pude entrar a mi casa porque estaba precintada y, con la maleta, me tuve que ir a la de mi madre. Parece una película de terror, pero es la auténtica realidad.

 

– ¿Cómo se defendió usted entonces? ¿qué pasó por su mente? ¿pensó en abandonar la Guardia Civil?

 

– Sinceramente, creo que hay pocas personas capaces de sufrir una presión como la que yo viví. Era algo insoportable. No se trataba de una sola cosa. Cuando llegó el momento de la bronca en el despacho del coronel había pasado ya lo malo. Yo denuncié una corruptela porque era mi obligación, pero cuando vi que estaba luchando contra molinos de viento me preguntaba dónde está la coherencia con el desgaste físico, mental y monetario, porque llegué a tener hasta 17 procedimientos judiciales, que se dice pronto.

 

– Y tenía que pagarse la defensa, claro.

 

– Todo. Tanto abogados como procuradores.

 

– ¿Todo su entorno era hostil? ¿no encontró la mano tendida de algún compañero o superior?

 

– Tuve la ayuda de mi compañero Javier Navarro, a quien dejaron tirado a los pies de los caballos, y cuento con el apoyo de toda la Comandancia. Me conocen, saben quién y cómo soy, pero, sobre todo, que tengo razón. Todo el mundo sabe que he hecho lo correcto, que ese cabo primero es un corrupto, que mi cadena de mando ha actuado mal, pero, como este nombre es un general ¿lo tienen que cubrir porque su palabra vale más que la mía? Eso es lo inaudito, ¿por qué no pone nadie pie en pared? He pedido audiencia con la ministra y todavía estoy esperando a que por lo menos me conteste y, ojalá, quiera escucharme. No creo que la palabra de un general deba valer más que la mía. No se puede permitir que hoy en día un coronel juez que ostenta el mismo empleo que el denunciado diga también que ese hombre me da una “riña paternal”. Ese señor no es mi padre y no tiene que darme riñas paternales. No me tiene que gritar.

 

– Es decir, usted pidió ayuda y la trataron como un trapo.

 

– Exactamente. Como si quisieran exhibir una medida ejemplar. No están acostumbrados a que nadie les tosa ni les lleve la contraria. Según ellos, cuando me dijeron que mirara para otro lado porque lo único que interesan son los números y las estadísticas, tenía que haberles hecho caso sin hacer absolutamente nada. Sin embargo, si rebobinara todos estos años, yo habría hecho lo mismo. No me arrepiento absolutamente de nada, por mucho que investigar este asunto de corrupción en la Guardia Civil me haya costado mi propia vida y hasta mi profesión. Volvería a hacer exactamente lo mismo.

 

– ¿Le ha pedido alguien que aguante?

 

– No. Mi profesión es luchar contra la corrupción, y debido a esta película, en la que aún estoy inmersa, ahora mismo estoy imputada por dos delitos tipificados en el código militar.

 

– ¿De qué se le acusa en los 17 procedimientos que tiene abiertos?

 

– El motivo de la mayoría ha sido defenderme. Si ellos me echan de mi casa, yo recurro su decisión; si me abren un expediente disciplinario, también me opongo. Lo que más me preocupa es que este general Fernando Mora Moré haya acudido a la jurisdicción militar, y que ésta le ampare, para acusarme de denuncia falsa. Los gritos que profirió contra mí en su despacho fueron escuchados por infinidad de personas. Yo he conseguido que tres testifiquen, pero sus testimonios fueron calificados de “irrelevantes”, convirtiendo el caso en una cuestión de fe.

 

– Usted es brigada, ¿a qué graduación debería haber promocionado ya por su experiencia y cualificación?

 

– De no haber sufrido este encontronazo con el entonces coronel y ahora general, hubiera opositado a oficial y hoy sería teniente. Pero no me quedan ganas. Mi carrera profesional ha quedado muy deteriorada.

 

– ¿Le han llegado a inhabilitar o suspender de empleo y sueldo?

 

– No, porque dejaron caducar los dos expedientes por faltas graves que me abrieron por influencia del coronel, cuya mano está siempre detrás de todo esto, para no darme la razón. Algo vergonzoso. Hago un llamamiento a los políticos, a la ministra de Defensa y al de Interior para que al menos me oigan, que pongan pie en pared y se busquen las responsabilidades del general Fernando Mora Moré y, sobre todo, las del cabo primero Enrique Castillo, que fue el detonante de todo. Haría una pregunta: ¿Por qué mi cadena de mando pierde la confianza en mí, que cumplía con mi deber de denunciar un delito, y no en quien lo estaba cometiendo? Porque a este cabo primero, después de todo lo que ha llovido, no le ha ocurrido absolutamente nada y sigue trabajando en la Comandancia de Sevilla.

 

– ¿Usted ha continuado cumpliendo con su obligación a lo largo de todos estos años?

 

– He estado de baja médica. Me sentí incapaz de soportar la presión a que era sometida. Me llegó a resultar imposible asumir las responsabilidades de mi puesto. Mi situación actual es la de activa, pero con baja médica.

 

– ¿Está en contacto con la asociación que promueve que los denunciantes de corrupción no sean represaliados?

 

– Sí. Estoy en contacto con el juez Fernando Presencia y otras personas. Hemos luchado mucho para que la Comisión Europea aprobara la Directiva de protección a los denunciantes de corrupción, que se publicó en diciembre de 2019. La Fiscalía General del Estado nos citó para el pasado mes de noviembre, pero canceló la reunión. Espero que la fiscal general lea esta entrevista y nos proponga una nueva fecha. Le hemos propuesto que dé instrucciones a todos los fiscales de España con el objetivo de poner en marcha la Directiva de protección. Son escalofriantes las represalias que sufrimos por denunciar una corrupción que supone una sangría en el dinero de todos los españoles. Hace poco gané un juicio al general Mora Moré, pero las costas tiene que pagarlas el Estado, es decir, todos los ciudadanos, no el individuo que me denunció. Es una pena que la Administración ponga su maquinaria en marcha contra mí, que me he limitado a cumplir con mi deber, con la de cosas importantes que tiene pendientes de hacer.

 

– Después de todo lo pasado, ¿con qué se quedaría satisfecha?

 

– Yo voy a seguir luchando contra la corrupción siempre. Si no puedo hacerlo desde dentro de la Guardia Civil, lo haré junto a las personas que he conocido que también la están combatiendo. Aunque sí me gustaría que se reconociera que lo que están haciendo conmigo es un sinsentido, un acoso y derribo y, por supuesto, que se busquen las responsabilidades personales a todo el que la tenga. Ya basta de que todos los españoles nos solidaricemos con estos personajes pagando sus corruptelas. Es la única manera de que se piensen las cosas antes de hacerlas.

 

– ¿Recomendaría a sus personas queridas que actuaran como usted ha hecho ante un caso de corrupción después de conocer el calvario al que se ha tenido que enfrentar?

 

– Sinceramente, no. En España sale muy caro denunciar la corrupción. A mí me queda la impresión de que nuestros gobiernos quieren poner fin a la corrupción acabando con quienes la denunciamos. Si no hay denunciantes, no existe. Me gustaría poder decir lo contrario, y tengo mis esperanzas, pero la situación a la que nos hemos enfrentado quienes hemos revelado la parte podrida del sistema es insoportable.

 

– ¿Es la rebeldía ante la injusticia la que le ha animado a seguir la lucha?

 

– El desgaste es total, pero no me voy a rendir. Moriré matando, pero no voy a vivir de rodillas.

 

– No obstante, entiende que otros no sigan su ejemplo.

 

– Claro que sí, aunque no lo comparta. A ver si llega el momento en que estemos amparados, no salgan gratis las represalias que sufrimos y sea menos doloroso cumplir con el deber de denunciar a los corruptos.

 

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