Por María Silva – MiamiDiario.com

El 14 de junio de cada año se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre para crear conciencia sobre la necesidad de disponer de sangre y productos sanguíneos seguros para transfusiones y sobre la contribución que efectúan los donantes de plasma voluntarios y no remunerados a los sistemas nacionales de salud.

Según una investigación del portal Archivo Cuba, ese país ha reportado por muchos años a la Organización Mundial de la Salud (OMS) una tasa de donación voluntaria altruista de 100% y ha promovido con mucho ahínco la donación de sangre no remunerada. Sin embargo, desde los inicios del gobierno revolucionario, éste ha vendido sangre humana y sus productos en el mercado internacional.

Según estadísticas de comercio asequibles en plataformas internacionales, de 1995 a 2019, Cuba exportó US$794.2 millones de dólares en productos sanguíneos y US$566.3 millones en productos derivados de glándulas, tejidos y órganos, lucrativo negocio de exportación a partir del 2005. No tenemos las estadísticas de los ingresos por productos sanguíneos de 1959 a 1994 ni de los ingresos del turismo de salud, particularmente el turismo de transplante que se atiende en instalaciones médicas estatales, pero entre ambos deben sumar cientos de millones de dólares más. El pueblo cubano desconoce que su sangre y órganos, que dona sin recibir compensación, devenga ingresos millonarios al estado en violación de los estándares de ética aceptados universalmente. Para colmo, no se invierten en el sistema sanitario nacional. El descalabro del sector de la salud es conocido por todo cubano que no es parte de la privilegiada elite en el poder que goza de instalaciones y servicios médicos exclusivos. También se sabe que la sangre para transfusiones, la que sí salva vidas cubanas, a menudo escasea.

Archivo Cuba, cuyo proyecto de Verdad y Memoria documenta muertes y desapariciones, tiene testimonios sobre la tenebrosa práctica de los años sesenta en que se extraía forzosamente la mayor parte de la sangre de los opositores antes de su fusilamiento. Afortunadamente cesó gracias a las denuncias internacionales. En los años sesenta también se reportó que se exigían donaciones de sangre a los familiares de los presos políticos para poder visitarlos. El estado cubano vendía la sangre a Vietnam y a otros países.

Desde la crisis de Octubre de 1962, se invierten grandes esfuerzos en obtener donaciones de sangre altruistas de los ciudadanos cubanos a nivel de barrio a través de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución), así como coaccionadas en instalaciones militares, centros de trabajo, instituciones educativas y prisiones. Asimismo, se ha condicionado casi todo procedimiento quirúrgico e ingreso hospitalario a la entrega de una o más donaciones de sangre por parte de pacientes y familiares. Desde los años ochenta, el estado cubano también desarrolló una industria biotecnológica-farmacéutica en gran parte dirigida a la exportación, que está nutrida de la materia humana gratuita de los ciudadanos (sangre y partes corporales) sin el consentimiento informado de los donantes. Además, se emplean prácticas clínicas que en algunos casos son siniestras y en el mejor de los casos son poco transparentes.

Desde el 2013, hemos investigado, documentado y denunciado la exportación de material corporal humano por parte del estado cubano, esfuerzos emanados de nuestras investigaciones sobre el tráfico de la fuerza laboral cubana en el exterior, principalmente de las misiones médicas. Archivo Cuba lo denunció públicamente como “tráfico de personas” desde el 2010, detallando las violaciones al derecho internacional.

La venta de material humano también apunta al tráfico humano, según el derecho internacional.

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