Fuente: Actuall.com

Así empieza la Noticia dada en El País el pasado día 26, titulado Los científicos piden investigar embriones de más de 14 días para entender el momento “más importante” del desarrollo humano: «Según un panel de científicos se empieza a ser un individuo a los 14 días de edad, cuando se forma la línea primitiva, que es, el momento después del cual es ya imposible que ese “amasijo” de células se divida para formar dos gemelos»

Estas afirmaciones no se compadecen con la realidad de lo que la ciencia lleva demostrando desde hace varias décadas, con un creciente acúmulo de pruebas experimentales. Nos enfrentamos de nuevo a un intento de manipulación sobre la realidad del ser humano en su etapa inicial. Pero, para la Biología un embrión no es un ente abstracto sino la primera etapa del desarrollo de la vida, tras la fecundación.

Minimizar el significado del embrión, solo puede obedecer a una intención, que no ocultan los que constituyen el citado panel de científicos. La de justificar la utilización de los embriones obtenidos por fecundación in vitro para hacer investigación, llegando incluso a pedir que se levanten las leyes que imponen restricciones a la utilización de los embriones procedentes de fecundación in vitro de más de 14 días.

¿Puede el deseo de utilizar los embriones cambiar su verdadera naturaleza de vidas humanas desde la fecundación?

Claramente no. Sobre el estatuto del embrión se ha hecho de todo a conveniencia, llegando incluso al ridículo de poner en duda que se trata de un ente vivo de la especie y en consecuencia si ha de concedérsele un valor moral intrínseco y por tanto si ha de ser protegido. Lo que dice la ciencia sobre el embrión humano es fundamental, pues difícilmente podríamos conceder el concepto de persona con la dignidad que le corresponde y el reconocimiento de su valor intrínseco debido a su dignidad, a algo de lo que se ignorase su naturaleza biológica humana.

Si hubiese que establecer una prioridad, la primera palabra la tendrían los datos de la ciencia y la última sería la aproximación jurídica, pasando por la antropología y la ética, que, en función de la naturaleza biológica, la dignidad y el valor ético que se reconociese al embrión, debería atender a la protección que le correspondiera como un ente biológico humano. A pesar de ello, el debate no ha seguido este orden, y especialmente desde una perspectiva utilitarista, la discusión se ha embarrado al llevarla a un terreno más especulativo o deliberativo que real ignorando la naturaleza biológica y el valor intrínseco de la vida humana en su etapa más vulnerable, desvirtuando los datos de la ciencia e imponiendo leyes al margen de lo que dice la ciencia sobre lo que es un embrión, con tal de facilitar su utilización en investigaciones que bien podrían llevarse a cabo con embriones animales.

En muchos países, y en España en particular, el esperpento de la desconsideración de la vida en su etapa inicial es patente. Todo vale para justificar la instrumentalización de los embriones obtenidos por fecundación in vitro. Nuestras leyes (14/2006 de Reproducción Humana Asistida y 14/2007, de Investigaciones biomédicas), llegan al extremo de llamar “preembrión” –palabra inexistente en biología-, a los embriones obtenidos por fecundación in vitro. Una prueba del intento de rebajar su realidad biológica de vidas humanas y justificar su manipulación, sorteando de paso el Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina, o Convenio de Oviedo, aprobado a instancias del Consejo de Europa en Oviedo el 4 de abril de 1997, ratificado y firmado por España en 1999. Que lo dice bien claro en el Art. 18:

«Cuando la experimentación con embriones in vitro esté admitida por la ley, ésta deberá garantizar una protección adecuada del embrión […]. Se prohíbe la creación de embriones humanos con fines de experimentación». 

¿Es un embrión humano una vida Humana?

Basar la consideración de que la vida humana solo tiene entidad a partir de un determinado momento es una manipulación. Decir que ese momento es cuando alcanza la individualidad no deja de ser una idea ingeniosa que persigue un fin. Según esta idea, la vida humana empieza a tener entidad cuándo de un embrión ya no se formarán gemelos. Según una creencia generalizada pero nunca demostrada, esta circunstancia puede ocurrir en cualquier momento durante los 14 días posteriores a la fecundación. Es decir, hasta la gastrulación, cuando se forma en el embrión la “línea primitiva”, una banda celular engrosada situada en la región central posterior del embrión superpuesta a los tres estratos celulares: el ectodermo, el mesodermo y el endodermo.

Pero la realidad es mucho más simple. la gemelación, es un suceso accidental que tiene una probabilidad inferior al 0,2% y que lo único que demuestra es que la “individualidad” del embrión inicial no implica indivisibilidad Desde la fecundación hay un ente real, una realidad biológica que será única en el 99,8% de los casos. La partición y segregación para reiniciar el camino del desarrollo como si se tratara de embriones diferentes, es un raro accidente que puede tener lugar mucho antes de la gastrulación, incluso desde el principio del desarrollo, pero no implica que lo que haya hasta ese momento no sea una realidad ontológica humana.

Homenaje al Dr. Herranz

Aprovecho este asunto para rendir homenaje al Dr. Gonzalo Herranz (1931-2021), uno de los grandes introductores de la Bioética y la Ética Médica y padre de la Deontología Médica en España, catedrático y durante años director del Departamento de Humanidades Biomédicas de la Universidad de Navarra, tristemente fallecido el pasado 20 de mayo. El Prof. Herranz discutió con fuerza la afirmación de que la gemelación fuese posible tan tarde como hasta los 14 días de la fecundación.

En un artículo publicado en la revista Zygote, el Dr. Herranz, discutió los modelos poco probados y más teóricos que basados en demostraciones experimentales, según los cuales los gemelos monocigóticos se originan por una partición en fase tardía de los embriones [1]. En su excelente argumentación, proponía el Profesor que este accidente podría suceder incluso dentro del proceso de la fecundación debido a una alteración en la transición del cigoto a las dos células hijas o “blastómeros”. Sí estas células se separasen nada más terminar la primera división de segmentación, darían lugar a dos gemelos genéticamente idénticos que desde el principio contarían con su propio trofoblasto del que se derivarían sus propias membranas protectoras. De hecho, los gemelos dicoriónicos (DC) y diamnióticos (DA) suponen, según las estadísticas, entre el 25% y el 30% de los gemelos monocigóticos.

Con mayor extensión y un análisis exhaustivo de la experimentación y los principales argumentos biológicos usados en los debates sobre el asunto de la gemelación, el Dr. Herranz amplió su afirmación en una magistral obra que publicó en 2013 titulada El embrión Ficticio. Historia de un mito biológico [2]. El autor revisó en este libro todo cuanto se había argumentado, para concluir que, tales argumentos no sólo son endebles y no prueban lo que afirman, sino que constituyen en su conjunto un ejemplo perfecto de como el desconocimiento de los datos biológicos lleva necesariamente a una bioética falsaria. Peor aún, quedaba al descubierto cómo se pueden manipular los datos científicos para justificar cualquier interés. En este caso, el retraso de la consideración del ser humano dejaría en manos de los interesados la posibilidad de utilizar los embriones para hacer investigación, que es de lo que se trataba. Un ejemplo paradigmático de bioética utilitarista.

La evidencia científica

Pero, los hechos son como son, no como uno desea que sean. Y los principales hechos biológicos probados en relación con el inicio de la vida humana son los siguientes:

La fecundación marca el inicio de una nueva vida humana, porque es cuando queda constituida la característica biológica más importante, la “identidad genética”, que se conserva a lo largo de la vida hasta la muerte: “El primer momento relevante es la fecundación, entendida como la fusión de los pronúcleos del espermatozoide y del óvulo. Surge aquí una entidad biológica nueva, que posee la dotación genética característica de la especie humana” (Comité de Bioética de España 2 Junio 2014, informe sobre el Anteproyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada).

El cigoto es, la primera realidad corporal de una nueva vida humana.

Un embrión no es un “amasijo” de células, sino un ente organizado, un organismo que sigue un programa de desarrollo continuo desde la fecundación.

La Biología Celular y la Genética del Desarrollo, explican que cada célula del embrión, desde la primera división de segmentación del cigoto, cumple un papel en interacción con el conjunto.

Lo que marca las etapas del desarrollo de una nueva vida humana en sus fases embrionaria (hasta la octava semana) y fetal (a partir de la novena semana) es la expresión sucesiva y programada de los genes que se reunieron en el momento en que se fusionaron las células gaméticas para formar el cigoto. El embrión es una unidad de desarrollo en sí misma que se autoconstruye con el programa genético que quedó fijado en el cigoto.

El embrión que se desarrolla es siempre el mismo organismo y si su ADN es humano es indiscutiblemente una vida humana.

El desarrollo es un proceso dinámico y “continuo” y, si bien poco a poco van aflorando nuevas características, sería arbitrario determinar un momento concreto para decidir en qué momento del desarrollo embrionario hay suficientes notas como para reconocerle el estatus de ser humano.

El embrión temprano podría ser potencialmente divisible, pero sigue siendo una etapa del ciclo biológico que comenzó tras la fecundación. El embrión, divisible o no, es ya una vida humana que posee su identidad invariable “de por vida” de la que depende su desarrollo como un ente biológico.

Cada vida, es un todo integrado en sus dos dimensiones: espacio y tiempo. Tan incorrecto es considerar la vida humana solo en relación a una de sus etapas, minimizando o negando la realidad de la existencia de las demás, como pretender reducirlo a un simple aglomerado de partes inconexas.

En el caso humano, la complejidad del desarrollo va en aumento hasta llegar a un organismo con billones de células especializadas y repartidas en unos 220 tipos de especialidades celulares. Es, desde la fecundación, el mismo organismo, que vive su vida hasta la muerte.

Finalmente, tampoco es correcto afirmar que para los biólogos del desarrollo el momento más importante en la vida de una persona no es cuando nace ni cuando tiene hijos ni cuando muere, sino cuando se forma la gástrula. Es cierto que, tras la anidación, hacia la tercera semana, comienza la fase que se caracteriza por la aparición de la “línea primitiva”. Con la gastrulación queda definido el plan general del cuerpo y da comienzo la organogénesis, pero, tratándose de la misma vida todos los momentos, antes y después, son igualmente importantes. Es absurdo decir que la vida empieza el décimo cuarto día, cuando todo lo que ocurrirá a partir de ese momento está genéticamente determinado desde el primer día.

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