Por Gabriela Moreno – Panampost

La esclavitud aún existe. Vestidos con sus batas blancas, portando su mascarilla y un par de artículos personales en una maleta despegan los médicos cubanos con rumbo desconocido a misiones en el exterior que permitirán llenar las cuentas bancarias del régimen castrista a cambio de su trabajo durante tres años en países donde al arribar quedan sin pasaporte.

Sí, la cúpula comunista es la receptora de las ganancias del esfuerzo de los profesionales de la salud de la isla. En sus arcas queda el 80 % del sueldo que los gobiernos anfitriones pagan por sus servicios.

Ninguno puede impedirlo. Ninguno tiene forma de negociar su salario con el castrismo porque no hay derecho a organizar sindicatos independientes para defender sus reivindicaciones sino sólo los controlados por el Estado, que funcionan como correas de transmisión de las políticas y decisiones del Partido Comunista de Cuba.

Cautiverio comunista

“El mito de la salud cubana incluye la trata de personas”, reporta la Fundación Internacional Bases en su más reciente informe.

Los médicos cubanos que trabajan en estas misiones están sujetos a prohibiciones estrictas y continua vigilancia. No pueden establecer relaciones personales con la población local ni hablar con periodistas ni diplomáticos extranjeros y deben solicitar permiso para viajar fuera de su jurisdicción. A excepción de Venezuela, donde además son utilizados para los fines del partido del régimen de Nicolás Maduro en jornadas proselitistas para repartir regalos y medicinas en apoyo a los socialistas que les merecen condecoraciones públicas.

La orden es ejercer –sin oposición alguna– durante 48 horas semanales más 16 adicionales de guardia hasta cumplir con 64 horas semanales incluyendo sábados y domingos. “El exceso de horas trabajadas ilustra la explotación laboral de los médicos cubanos en el exterior y el trabajo forzoso constituye una forma contemporánea de esclavitud”, indica el informe de la Relatora Especial sobre las formas contemporáneas de la esclavitud, incluidas sus causas y consecuencias de las Naciones Unidas, Urmila Bhoola, emitido en 2019.

La realidad en cifras

A pesar de las estrictas reglas de las autoridades cubanas que impiden enviar profesionales solteros o sin familia, 5000 cubanos, entre médicos, enfermeras y terapeutas han desertado en la última década durante su misión.

Según la Fundación Bases, 57 % de los médicos participantes en un sondeo de opinión afirmó que no se ofreció como voluntario para una misión pero se sintió obligado a hacerlo, mientras que el 39 % dijo que se sintió fuertemente presionado para servir en el extranjero.

De ellos, 89% de los médicos cubanos desconocía el país asignado.  El 41 % reconoció que un funcionario cubano retiró su pasaporte a la llegada al país anfitrión. El 91 % dijo que los agentes de seguridad cubanos habían observado su misión y el mismo porcentaje confesó que debían transmitir información de sus compañeros a los agentes de seguridad.

Y además de oprimidos son sometidos a mentir. El 46 % de los médicos con experiencia en misiones internacionales reveló que falsificó las estadísticas, inventando pacientes, consultas y patologías que no existían porque al exagerar las cifras, las autoridades cubanas pueden, según el informe, solicitar más dinero al país anfitrión o justificar la extensión de la misión.

La prisión como castigo

Cuando un profesional decide retirarse del trabajo en el exterior se califica como “abandono de misión de trabajadores civiles”, según el Código Penal de Cuba, que en su artículo 135 estipula que “el funcionario o empleado encargado de cumplir alguna misión en un país extranjero que la abandone, o, cumplida ésta, o requerido en cualquier momento para que regrese, se niegue, expresa o tácitamente, a hacerlo, incurre en sanción de privación de libertad de tres a ocho años”.

Las mismas sanciones son aplicadas a profesionales que después de cumplir con su misión deciden establecerse en otro país. Como consecuencia, existen familias separadas con un “fuerte impacto negativo en su bienestar” porque “los médicos considerados desertores no están autorizados de regresar a Cuba durante ocho años y los familiares que permanecen en Cuba están sujetos a señalamientos y repercusiones por parte de entidades gubernamentales”, afirma la ONU.

La tragedia que desmenuza la organización la padecen también maestros, ingenieros o artistas en sus misiones respectivas, en las que también los cuestionamientos están prohibidos porque la ventilación de alguno deriva en sanciones como la suspensión del viaje anual a Cuba para reencontrarse con sus seres queridos.

La censura intenta ocultar las “amenazas regulares por parte de funcionarios estatales de Cuba en los países de destino y el acoso sexual que sufren las mujeres mientras se encuentran participando en misiones de internacionalización”.

La sumisión, control y medidas represivas ejercidas en su contra constituyen “casos reales de esclavitud cuando el régimen cubano se atribuye derechos de propiedad sobre ellos y además despliega acciones que buscan asustar, amenazar, aterrorizar, coaccionar y, finalmente, destruir sus vidas como parte de un ataque generalizado contra la población civil”. Así lo sintetiza Cuban Prisoners Defenders en las 343 páginas de la acusación que presentó ante la Corte Penal Internacional.

Rentabilidad en pandemia

El coronavirus es una oportunidad de negocios para el régimen con su exportación de médicos. El castrismo aprovecha la crisis sanitaria “acelerando la marcha para obtener beneficios económicos y políticos con delegaciones médicas en el exterior parar tratar de mejorar su imagen internacional”.

Es lucro y es indignante para la directora de la ONG Cuba Archive, María Werlau, considerando que en el transcurso de la pandemia, 1993 médicos reunidos en 24  frentes salieron de la isla como parte de esta “diplomacia médica”, señala en una entrevista difundida en YouTube.

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Con esta práctica, desde 2018, el estado cubano gana 6,2 mil millones de dólares por la exportación de servicios médicos, constituyendo su mayor fuente de divisas, equivalentes al doble de sus ingresos en divisas de las remesas de cubanos en el extranjero, su segunda mayor fuente de ingresos y en 2019 convirtió a los servicios médicos en el 46 % de las exportaciones cubanas y 6 % del PIB de la isla.

Para fines de 2018, las operaciones médicas cubanas en el extranjero implicaron la exportación de 28000 médicos y otro personal médico a 67 países y no hay señales de que esto se detenga.

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