Por Carlos Esteban – Gaceta.es

Cuando los alumnos de Ingeniería de la Universidad de Sheffield, al norte de Inglaterra, tengan que adentrarse en las leyes del padre de la física moderna, Isaac Newton, se encontrarán antes con una ‘nota explicativa’ en la que se aclara “el contexto histórico y los orígenes globales” de sus teorías, dejando claro que el científico se “benefició de la actividad colonial”.

Parece una tontería, pero la tendencia es de una gravedad general.

Los pobres profesores de la universidad, a los que imagino tan avezados en las sutilezas de la Física como primerizos en el fascinante campo de la teoría políticamente correcta del cosmos, estará obligados a “desafiar sesgos conscientes o inconscientes profundamente instalados” entre sus estudiantes para que se enfrenten a la visión “eurocéntrica” de la ciencia y las matemáticas, según documentos a los que ha tenido acceso el diario británico ‘The Telegraph’.

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Hasta uno de los consultores en diversidad que son ya omnipresentes en todas las grandes universidades británicas se echa las manos a la cabeza, alertando de que el movimiento, que nació en las facultades de Letras y Humanidades, roídas desde hace tiempo por la propaganda izquierdista, está empezando a imponerse en las disciplinas de ciencias puras.

“Las universidades me emplean para que haga este trabajo, pero para mí igualdad, diversidad e inclusión significan igualdad de oportunidades, diversidad de ideas e inclusividad de acción, eso es todo”, deplora el ‘experto’, que prefiere mantenerse anónimo por razones obvias. “Esto es algo completamente distinto, es directamente enseñar a la gente a convertirse en activistas”.

Una copia filtrada del borrador de la estrategia de “desarrollo de plan de estudios inclusivo”, desarrollado por el Russell Group, asegura que “una buena parte del contenido relevante y de los recursos curriculares de la ingeniería se basa en matemáticas desarrolladas durante los siglos XVIII y XIX”, y pasa a citar a científicos como Gottfried Wilhelm Leibniz, Paul Dirac, Pierre-Simon Laplace, y Newton, todos los cuales “pueden considerarse beneficiarios de la actividad de la era colonial”.

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En qué medida pudo beneficiarse Newton de esa “actividad colonial” y qué tiene que ver con lo aplicable de sus revolucionarios hallazgos no queda explícito en el texto. En el caso concreto de Newton, se diría que esa “actividad colonial” le perjudicó, más bien, ya que le hizo perder unas 20.000 libras en una empresa de tráfico de esclavos fallida.

Naturalmente, ningún científico ha vivido fuera del espacio y del tiempo. Claro que Newton vivió en una época muchos de cuyos presupuestos ideológicos podemos considerar erróneos y muchos de cuyas actitudes juzgamos censurables. Pero, a diferencia de pensadores o incluso artistas, eso no tiene el menor interés en el estudio de sus teorías científicas, que tendrán o no valor según respondan o no a los criterios científicos. Que Newton fuera un varón inglés entre los siglos XVII y XVIII no es lo que hace que la fuerza con que se atraen dos cuerpos sea proporcional al producto de sus masas dividido por la distancia entre ellos al cuadrado; hubiera dado exactamente igual que esta ley la formulara un transexual azteca en el siglo XIV. Y, desde luego, para quienes tienen que aprenderla y actuar sobre ella es totalmente irrelevante.

Solo que para la izquierda ‘woke’ no hay nada irrelevante. Todo es un constructo cultural del heteropatriarcado blanco, y todo debe ser destruido. De hecho, lo de Newton es la última anécdota. El pasado septiembre se retiraron de una exposición del Museo de Historia Natural británico muestras del naturalista Charles Darwin por “potencialmente ofensivas”.

En febrero, la Universidad de Leicester eliminó los estudios en Literatura Medieval Inglesa, incluyendo el Beowulf o los Cuentos de Canterbury, para sustituirlos por cursos centrados en diversidad, raza y sexualidad. Incluso ha intervenido el ministro de Universidades, Michelle Donelan, advirtiendo que este descerebrado revisionismo izquierdista es similar a los esfuerzos soviéticos por reescribir la historia. En nuestra opinión, va más lejos que todo eso, pareciéndose más a los intentos del Jemer Rojo de Pol Pot para empezar de cero.

Los revolucionarios no deberían olvidar, sin embargo, la Tercera Ley de Newton: con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria.

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