Por Zheng Liming – minghui.org – Lecciones de la historia: de la plaga del baile y la peste negra a la pandemia moderna

Hans Christian Andersen, uno de los escritores de cuentos más conocidos, dejó al mundo una gran cantidad de humor, sabiduría y cuentos morales. Han pasado casi 200 años y algunas de las historias que escribió siguen teniendo un profundo significado para niños y adultos.

La plaga del baile y los zapatos rojos

Una de las obras, «Los zapatos rojos», cuenta la historia de una niña llamada Karen. Sus zapatos rojos encantados la hacían bailar sin parar. Al final, la única solución fue cortarle los pies.

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Esta historia de Andersen se basó en parte en un hecho real. El 14 de julio de 1518 se produjo una «plaga de baile» en la ciudad europea de Estrasburgo (en la actual Francia). Una joven llamada Frau Troffea comenzó a bailar en la calle. En una semana, grupos de personas de todas las edades se unieron a bailar con ella.

Sin saber qué hacer, el gobierno de la ciudad primero prohibió el juego y la prostitución, pero eso no detuvo la obsesión por el baile. El ayuntamiento también donó una vela de 45 kg (100 libras) a la iglesia local, lo que tampoco ayudó a detener los bailes. Algunos médicos creían que los bailarines sufrían de «sangre caliente». El ayuntamiento contrató a músicos para que tocaran música para los bailarines, con la esperanza de cansarlos.

Pero eso empeoró la situación. Al final, unas 400 personas perdieron la vida, la mayoría por agotamiento, problemas cardíacos o derrames cerebrales. Los médicos aún no han podido comprender exactamente lo que sucedió.

La historia de Karen, del cuento de Andersen, describe una situación similar. Nacida en una familia pobre, Karen fue adoptada por una señora mayor. Ahora, vestida con ropas pulcras y limpias, también pudo aprender a leer y a coser. Sin embargo, obsesionada por la vanidad, engañó a la anciana para que le comprara un costoso par de zapatos rojos.

Poco a poco, las cosas fueron a peor después eso. Los zapatos rojos ocupaban toda la mente de Karen. Desobedeció a la anciana y se puso los zapatos para ir a la iglesia. Incluso dentro de la iglesia, solo pensaba en los zapatos rojos. Al salir de la iglesia, los zapatos hicieron que Karen bailara. Cuando el cochero subió a Karen al carruaje, «sus pies siguieron bailando, de modo que dio una violenta patada a la buena señora. Por fin le quitaron los zapatos y sus piernas descansaron».

Ignorando esta advertencia y obsesionada con los zapatos rojos, Karen decidió ir a un baile con los zapatos rojos en lugar de cuidar a la anciana enferma. Esta decisión la llevó a bailar incontroladamente durante días. Al final tuvo que rogar a un verdugo que le cortara los pies, dejando que los zapatos bailaran solos con los pies desmembrados.

Pero la historia no terminó ahí. Ahora, con los pies de madera tallados y con muletas, Karen quería ir a la iglesia, pero los zapatos rojos seguían bailando delante de ella, impidiéndole el paso. Al final, se arrepintió sinceramente, entre lágrimas. Un ángel apareció y Karen pudo unirse a los demás en la iglesia.

«El órgano tocaba y las voces de los niños del coro sonaban suaves y encantadoras. El cálido y brillante sol entraba por la ventana en el banco donde Karen estaba sentada, y su corazón se llenó tanto de él, tan lleno de paz y alegría, que se rompió», escribió Andersen. «Su alma voló con los rayos de sol hacia el Cielo, y no había nadie que preguntara por los Zapatos Rojos».

Karen aprendió la lección por las malas. Cuando uno se entrega a la vanidad, la obsesión puede llevarnos a olvidar quiénes somos, por qué debemos estar agradecidos y qué obligaciones debemos cumplir. Se puede decir que la historia de Karen suena lejana o inverosímil. Pero supongamos que los zapatos rojos se han disfrazado ahora de aparatos electrónicos; ¿no hemos visto a niños y niñas obsesionados con ellos de forma incontrolada, mientras sus padres no pueden hacer nada al respecto?

La peste negra

La plaga del baile duró solo unos meses. Pero la peste negra se prolongó durante más de siete años y se cobró al menos 75 millones de vidas durante su apogeo, de 1347 a 1351.

Algunas personas hicieron grandes donaciones a la iglesia o se flagelaron como expiación, pero ese arrepentimiento superficial, sin buscar en su alma la causa de la plaga, no sirvió de nada y la plaga continuó.

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Martín Lutero, profesor de teología y sacerdote alemán, decidió quedarse cuando la peste infectó Wittenberg -la ciudad donde vivía- en agosto de 1527. En una carta abierta titulada «Si uno puede huir de una plaga mortal», escribió una obra maestra de orientación pastoral para una comunidad en crisis. Citando la Biblia, escribió: «El buen pastor da su vida por las ovejas, pero el asalariado ve venir al lobo y huye».

Aunque arriesgó su propia vida para cuidar a otros afectados por la peste y sobrevivió milagrosamente, Lutero creía que hacer buenas acciones o donaciones monetarias no conducía necesariamente a la salvación. Es la fe religiosa la verdadera redentora del pecado. Por eso desaconsejó el pago de indulgencias y se centró en la creencia interior y verdadera. No cambió ni siquiera después de ser excomulgado por el Papa y condenado como proscrito y hereje por el emperador del Sacro Imperio Romano.

Alteración del sentido del olfato debido al COVID-19

Muchas personas, incluido Lutero, creían que la peste era un azote de Dios. Cuando las personas se desvían de los principios divinos, pueden producirse consecuencias. De hecho, al igual que la plaga del baile o la peste negra, las plagas a menudo llegaban de forma repentina y se marchaban misteriosamente. Algunos ejemplos son las plagas del antiguo Imperio Romano y la gripe española de 1918.

Esto puede darnos algunas pistas sobre la actual pandemia de coronavirus. Hasta ahora, la enfermedad ha causado más de 143 millones de infecciones y más de 3 millones de muertes. Entre los numerosos síntomas del COVID-19, se encuentra la pérdida de memoria o del olfato. Y a veces los pacientes incluso informan de una distorsión del olfato, un fenómeno llamado parosmia.

La pérdida total del olfato y el gusto son síntomas característicos del COVID-19. Un estudio afirma que le ocurre al menos al 25% de las personas que contraen la enfermedad, según un artículo de WebMD. Por ejemplo, algunos elementos comunes, como la comida, el jabón o el postre, se vuelven repentinamente intolerables.

«Alrededor del 65% de las personas con coronavirus pierden el sentido del olfato y del gusto, y se estima que cerca del 10% de ellas desarrollan una ‘disfunción olfativa cualitativa’, es decir, parosmia o una condición más rara, la fantosmia, cuando se huele algo que no está ahí», informó un artículo de la BBC de enero de 2021 titulado «Parosmia: ‘Desde que tuve COVID, la comida me da ganas de vomitar’».

El profesor Barry Smith, director en el Reino Unido del Consorcio Mundial para la Investigación Quimiosensorial, también hizo observaciones similares. «Para algunas personas, los pañales y los olores del inodoro se han vuelto agradables e incluso placenteros», explicó. «Es como si los desechos humanos olieran ahora a comida y la comida oliera a desechos humanos».

El daño va más allá del sistema olfativo. «Los médicos de un gran centro de salud de Chicago descubrieron que más del 40% de los pacientes con COVID mostraban manifestaciones neurológicas desde el principio, y más del 30% de ellos tenían alteraciones cognitivas. A veces, las manifestaciones neurológicas pueden ser devastadoras e incluso provocar la muerte», escribió el investigador de Harvard Andrew Budson en un artículo de marzo de 2021.

La pandemia de COVID se ha cobrado ya tantas vidas estadounidenses como la Primera Guerra Mundial, la Guerra de Vietnam y la Guerra de Corea juntas, escribió en el mismo artículo.

Un ejemplo de recuperación

En la historia de Andersen de los zapatos rojos, la obsesión por la vanidad llevó a Karen a desviarse de las enseñanzas divinas y de su deber filial hacia su madre adoptiva, y casi pierde la vida. Solo después de que se arrepintió sinceramente de su pecado y se volvió hacia Dios se salvó. La historia de la peste negra nos dice que aquellos que creen de verdad en lo divino serán bendecidos cuando lleguen las plagas. Ambas historias pueden arrojar luz sobre lo que debemos hacer durante la actual pandemia.

La pandemia, que estalló por primera vez en Wuhan (China), pudo extenderse por todo el mundo debido al encubrimiento sistemático del partido comunista chino (PCCh). Por ello, muchas personas llaman al virus el virus del PCCh.

Si el PCCh hubiera alertado al mundo sobre el brote de forma oportuna y responsable, la pandemia probablemente no se habría extendido tanto ni habría sido tan grave, y las organizaciones internacionales como la OMS [Organización Mundial de la Salud] habrían tomado las medidas adecuadas para abordar el problema en lugar de repetir como un loro la narrativa oficial del PCCh, que no solo retrasó el tiempo de respuesta, sino que también engañó a la comunidad internacional.

Sin embargo, el PCCh ha demostrado una y otra vez que solo le interesa mantener el poder mediante la mentira, el engaño y la violencia. Desde que tomó el poder en 1949, ha causado más de 80 millones de muertes no naturales. Es una ilusión pensar que el PCCh pueda algún día volverse bueno y poner el interés del pueblo por encima de sí mismo. Según la antigua cultura china, cuando los gobernantes hacen cosas malas, se producen catástrofes y los gobernantes y los que les siguen se enfrentarán a las consecuencias.

Los datos muestran que el virus del PCCh se propaga allí donde está la influencia del PCCh. Hasta cierto punto, esto no es demasiado sorprendente. Al igual que la pequeña Karen estaba obsesionada con la vanidad y se olvidó de todo lo demás, ¿cuántas personas y gobiernos del mundo son capaces de mantener la mente clara y enfrentarse al PCCh, el régimen más totalitario y con el peor historial de derechos humanos?

Al igual que los ejemplos mencionados anteriormente, cuando uno realmente decide defender sus principios, rechazar al PCCh y apoyar a los honestos, las bendiciones llegarán.

Ha habido muchos artículos publicados en Minghui.org sobre recuperaciones milagrosas del COVID-19 después de que las personas conocieran los hechos sobre Falun Dafa y se convirtieran en simpatizantes, incluso en el ambiente opresivo de China, donde la práctica es brutalmente perseguida por el gobierno.

También conocido como Falun Gong, Falun Dafa es un sistema de meditación basado en los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Con unos 100 millones de practicantes, es el grupo más grande perseguido por el PCCh en China.

Un ejemplo del poder de curación de Falun Dafa es el de Carolyn, la esposa de 37 años de un practicante de Falun Dafa. Después de cinco años de matrimonio, se quedó embarazada de su primer hijo. Sin embargo, Carolyn contrajo el virus del PCCh durante el embarazo. Sus síntomas comenzaron el 7 de enero de 2021. Durante los dos o tres primeros días, experimentó algunas molestias menores en la garganta, junto con repentinas oleadas de calor y frío.

«El domingo 10 de enero comencé a sentir un frío extremo. A pesar de seguir el consejo de mi marido de tomar el sol, el frío persistía, aunque estaba envuelta de pies a cabeza en gruesas mantas. Mi marido me dijo que apenas sentía el viento. Sin embargo, yo tenía tanto frío que incluso un ligero viento me provocaba dolor de cabeza… Me negué a considerar la posibilidad del COVID-19, hasta que comencé a observar signos más definitivos de la enfermedad», recordó.

Poco después, la nariz de Carolyn se taponó tanto que solo podía respirar por la boca. Al día siguiente, se despertó y descubrió que la sensación de dolor se había intensificado. Llamó a su médico de cabecera y le dijeron que probablemente tenía COVID-19. La instaron a someterse a pruebas de diagnóstico de ácido nucleico.

Ese lunes por la noche le subió la fiebre. «Al día siguiente, fui a hacerme una prueba de diagnóstico y recibí el resultado positivo que confirmaba que tenía COVID-19. En ese momento estaba embarazada de 26 semanas», escribió Carolyn. «La fiebre se hizo insoportable. Mi enfermedad empeoró hasta que no pude levantarme de la cama. Mi marido comenzó a servirme la comida en la cabecera de la cama y a alimentarme, cucharada a cucharada».

Tanto el marido como la suegra de Carolyn llevan practicando Falun Dafa desde hace años. En el punto álgido de su sufrimiento, también recordó una conversación telefónica que había mantenido con una amiga. Carolyn le había contado a la amiga su última revisión de maternidad, que reveló que su feto estaba en una posición anormal, lo que aumentaba el riesgo de hemorragia grave y de parto prematuro. El primer hijo de su amiga había nacido sin problemas y sin complicaciones. Con el segundo hijo, la amiga había sufrido tres episodios de hemorragia leve, pero aun así dio a luz sin problemas. La amiga le aconsejó entonces a Carolyn que recitara la frase «¡Falun Dafa es bueno! ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno!», para superar cualquier situación de peligro.

Animada por este recuerdo, Carolyn comenzó a recitar la frase. «También se lo dije a mi marido y a mi suegra. Con este salvavidas, mi miedo disminuyó de inmediato. Comencé a recitar ‘Falun Dafa es bueno’ durante toda la noche. Antes de irme a dormir, tranquilizaba a mi hijo por nacer: ‘Superaremos juntos este obstáculo’».

Mientras recitaba las frases, Carolyn también habló con su marido y aprendió la importancia de ser buena, no solo de labios para afuera, sino de todo corazón. Prometió que lo haría. Poco a poco, la fiebre fue remitiendo y su estado comenzó a mejorar.

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Carolyn se ha recuperado por completo. También ha recuperado el sentido del gusto y del olfato. Y no solo eso, su ginecólogo le ha dado la buena noticia de que el bebé ya no está en una posición fetal anormal.

Carolyn dijo que quiere compartir su historia con otros pacientes de COVID-19, con la esperanza de que ellos también puedan beneficiarse.

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