Por Camilo Bello – elamerican.com

El senador Marco Rubio (R-FL) expresó su oposición al paquete de gastos por $2 billones del presidente Joe Biden enfocados en construir una infraestructura energética que beneficiaría directamente a empresas a fines al Partido Comunista de China (PCCh).

«El plan de su administración no es un proyecto de ley de infraestructura ni siquiera un proyecto de ley de energía verde. Es una legislación pro China la que fortalecerá el PCCh a expensas de los empleos americanos».Marco Rubio a Fox News.

A pesar de que los americanos aumentaron el consumo de energía con fuentes renovables, según la Revisión Mensual de Energía de la Energy Information Administration (EIA), Biden busca una fuerte inversión en infraestructura energética.

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El senador Rubio destaca un punto clave y es el beneficio directo de un régimen denunciado por genocidio y delitos de lesa humanidad en las inversiones que planea el presidente demócrata.

Por ejemplo, los paneles de energía solar son, en su mayoría, producidos por la industria china. Tienen su origen particularmente en la región de Xinjiang, donde el PCCh construyó campos de concentración y somete a minorías religiosas a trabajo forzado y otras violaciones a los derechos humanos.

Biden se contradice, pues mientras afirma que bajo su mandato China no se convertirá en el país líder del mundo, traza un plan de inversiones que termina por enriquecer al PCCh.

El senador republicano menciona algunos de los productos que Beijing se apresta a venderle a América, como «paneles solares, estaciones de carga de vehículos eléctricos y otra infraestructura verde cara, todas industrias en las que China domina la producción».

Sin embargo, cabe añadir que con los impuestos de los americanos se compraría tecnología donde China es sujeto de escrutinio por los innumerables robos de propiedad intelectual a empresas americanas.

La propuesta de Marco Rubio

El senador Marco Rubio expone una propuesta que contrasta con el plan trazado por la administración Biden-Harris. Consiente de la necesidad de invertir en energías renovables, Rubio hace énfasis en el desarrollo de una industria americana.

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El sello americano que en conjunto con los aliados de Estados Unidos para el desarrollo de tecnologías transparentes podría ser utilizado también para la producción de infraestructura y productos de energía renovables, generando empleos en Estados Unidos y garantizando una mano libre de abusos y con un verdadero buen manejo del medioambiente.

Rubio se enfoca en dos aspectos concretos. El primero es una propuesta que «aclare que nada del dinero en la factura puede ir a China» y un segundo donde el Gobierno «debería aumentar los requisitos de contenido nacional y aplicar los requisitos de Buy America a todos los nuevos gastos para estimular la inversión nacional masiva aquí en casa». 

Por un lado, el senador advierte sobre la financiación a empresas comprometidas con la violación de derechos humanos y la falsa retórica de la protección de medioambiente de China. Por el otro, una independencia energética real de Estados Unidos a organizaciones extranjeras o, en este caso, al PCCh.

Cabe recordar que mientras China presiona a Occidente por cumplir los mandatos del Acuerdo de París, según el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA), en 2020 China tuvo un fuerte crecimiento de emisiones de CO2 porque duplicó «el viejo libro de jugadas de estimular los sectores más sucios y más intensivos en energía (construcción, manufactura pesada) para compensar la debilidad en otros lugares».

Además, Rubio subraya el peligroso camino de depender de China: «Lo probamos un poco cuando China amenazó con cortar la exportación de máscaras y otros equipos de protección durante el pico de la pandemia de COVID-19».

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Bajo la administración Obama-Biden, Washington cedió ante las promesas de Beijing y le otorgó ventajas competitivas en materia económica y militar al punto de abandonar a algunos de sus aliados en la región Indo-Pacífico, como el permitir que China desconociera la soberanía en Scarborough Shoal de Filipinas en 2012.

Mientras la administración Biden-Harris decide sumarse a la narrativa de Beijing en torno al consumo de energías renovables que benefician a una industria manchada de delitos de lesa humanidad y a costa de la creación de empleos americanos, Rubio se opone a caer en el juego del PCCh.

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