Fuente: elamerican.com

Por Gerardo Garibay Camarena

Solo una cosa logra unir más a los políticos mexicanos de todo el espectro, que la obsesión por hablar pestes de los Estados Unidos: la manía de comprar casa en América y disfrutar de los beneficios que implica vivir en el país del norte.

La semana pasada tuvimos un ejemplo. Se desató un escándalo político a escala nacional cuando el hijo del presidente Andrés Manuel López Obrador (que se ha caracterizado por su discurso a favor de la austeridad y del nacionalismo) fue fotografiado durante unas vacaciones de súper lujo, no en las trajineras de Xochimilco o en las escalinatas de Teotihuacán, sino en el destino invernal de Aspen, en Colorado, refugio tradicional de estrellas y millonarios.

De entrada, la revelación da pie a preguntarnos de dónde saca dinero un junior político, sin oficio beneficio que se le conozca, como para vacacionar a lo grande en uno de los destinos más exclusivos de Estados Unidos.

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No solo es Aspen, los políticos mexicanos recorren América

Sin embargo, también amerita una reflexión mucho más profunda respecto a la retórica y las secciones de los políticos mexicanos, porque el junior presidencial no es, ni de lejos, el primero al que se le ocurre disfrutar de las mieles del poder económico en el territorio del “imperio Yankee”, al que supuestamente detestan.

Por el contrario, la lista de políticos de alto perfil a quienes se les conocen propiedades (legalmente adquiridas o no) en territorio americano incluye a personajes de todos los partidos. Algunos del listado son Javier Duarte (PRI), Carlos Lomelí (Morena), Francisco García Cabeza de Vaca (PAN), Olga Sánchez Cordero (secretaria de Gobernación), Alejandra Barrales (PRD) y la infame lideresa sindical Elba Esther Gordillo, entre muchos otros.

Es más, para acabar pronto, el mercado inmobiliario de ciudades como McAllen, San Antonio o Houston depende, en parte, de los compradores que provienen del otro lado de la frontera y para quienes el adquirir bienes raíces en Estados Unidos es una parte fundamental de su proyecto de vida.

Ahora bien, eso en sí mismo no está mal. América es la nación más grande sobre la tierra. Es muy comprensible que aquellos que pueden comprar una casa en Estados Unidos aprovechen la oportunidad. Ciertamente si yo estuviera en su lugar habría hecho exactamente lo mismo. El problema no es ese, el problema es el doble discurso.

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México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos

Hay una costumbre muy arraigada en el discurso social y político mexicano respecto a insultar a su vecino del norte. Intelectuales, gobernantes y candidatos aprovechan cualquier oportunidad y cualquier debate para degradar a los Estados Unidos y contrastarlo con una imaginaria superioridad moral de la sociedad mexicana.

Por eso, cuando López Obrador le espetó a Biden la frasecita de “México tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” (atribuida a Porfirio Díaz), no hizo más que reproducir una cantaleta que los políticos mexicanos han repetido durante décadas y que revela una muy profunda hipocresía: Básicamente, los políticos condenan el “materialismo” y la “falta de valores” de América, mientras recurren a todos los recursos (legales o ilegales), para conseguir casa en ese país al que supuestamente tanto desprecian.

Ello tiene dos graves consecuencias:

La primera de ellas es alentar en el imaginario popular mexicano el odio malsano hacia los Estados Unidos de América, que luego se entremezcla con admiración, para darle forma a eso que en mi pueblo le llamamos envidia. Un sentimiento justificado en las mentes de millones de personas que culpan al Tío Sam de la pobreza, la marginación y el subdesarrollo de México, cuyos verdaderos responsables son los propios políticos mexicanos. Esos mismos que luego se compran el depa en Houston o Nueva York.

La segunda es que, debido al resentimiento contra América, los políticos mexicanos y sus votantes se niegan a aprender de sus vecinos del norte. México le copió a América el federalismo, el presidencialismo y el “Estados Unidos” (el nombre oficial de México es “Estados Unidos Mexicanos”), pero no han estado dispuestos a entender ni a aprender los elementos de la convivencia y de la cultura que hicieron grandes a América y que podrían hacer grande México: La admiración al empresario, el respeto a la ley, la cultura de emprendimiento, el Estado de derecho que le da certeza a las empresas, el orden, entre otros valores.

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México ha tardado en desarrollarse porque ha aprendido mal y lento de sus vecinos del norte y porque los políticos mexicanos han usado herramientas como la retórica antiamericana para consolidar su poder en forma de cacicazgos monopólicos, criminales y destructivos que les permiten a ellos acumular el dinero para una mansión de lujo en América, mientras el resto del pueblo se queda masticando demagogia o vagando en el desierto para escabullírsele a la Border Patrol y buscar en Estados Unidos las oportunidades que nunca encontrarán en el México “moralmente superior” de la pobreza, la violencia, y los políticos sinvergüenzas.

Qué bueno que candidatos y “candidotes” de la partidocracia mexicana se esfuercen tanto por hacerse de una casita en los Estados Unidos. Pero sería mejor que con esa misma determinación, los poderosos se esforzaran para imitar en México las virtudes de América.

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