Por Diego Sánchez de la Cruz

La pandemia del covid-19 y las severas restricciones sanitarias adoptadas por la mayoría de gobiernos europeos han hundido la producción económica del Viejo Continente. Durante el curso 2020, Eurostat estima que el PIB de la Eurozona se redujo un 6,8%, mientras que la actividad del conjunto de la UE-27 cayó un 6,4%.

Frente a estas cifras, que ya de por sí resultan muy preocupantes, España exhibe un comportamiento mucho más preocupante. El dato de PIB para 2020 comunicado hace escasos días por el Instituto Nacional de Estadística apunta que la producción económica se redujo un 10,8%, la mayor caída observada en el mundo desarrollado durante el pasado año.

Desde que empezó a propagarse el covid-19, la estrategia sanitaria del gobierno español ha girado en torno a las políticas de confinamiento y las restricciones masivas de la actividad social y económica. No es de extrañar, pues, que la economía haya sufrido un desplome sin precedentes, llevándose por delante millones de empleos.

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Pero, ¿acaso han servido estas medidas para que España tenga un cuadro sanitario más favorable? Nada más lejos de la realidad. Los datos de contagiados, hospitalizados y fallecidos nos sitúan a la cola de Europa, con el mayor exceso de mortalidad por covid-19 de todo el Viejo Continente.

El modelo sueco

Ya el pasado mes de abril, Libre Mercado presentó a sus lectores el modelo alternativo desarrollado por Suecia. En vez de apostar por el confinamiento o las restricciones masivas, el país escandinavo se limitó a formular ciertas recomendaciones a la población. Las escuelas se mantuvieron abiertas en todo momento y la inmensa mayoría de los negocios siguieron funcionando sin apenas trabas.

Las autoridades recomendaron mantener la distancia de seguridad, evitar las aglomeraciones y tomar medidas reforzadas de protección en caso de pertenecer a grupos de riesgo como, por ejemplo, los mayores de 65 años. Sin embargo, nunca se aprobaron «cerrojazos» y la vida de los ciudadanos siguió moviéndose dentro de una relativa normalidad. El único veto gubernamental fue el impuesto a los eventos de masas.

Durante el verano, este diario volvió a informar sobre la apuesta del gobierno sueco. A las puertas de la segunda ola que empujó a muchos países europeos a aprobar nuevas restricciones, el país escandinavo empezaba a despertar admiración entre muchos observadores que, hasta entonces, parecían tomar su estrategia como una temeridad.

Las autoridades suecas insistieron siempre en que su estrategia sanitaria debía ser evaluada con un análisis de largo plazo. Ahora que ha pasado un año, ¿qué cifras de mortalidad arroja su apuesta por evitar los confinamientos y las restricciones generalizadas de la actividad socioeconómica? Lo cierto es los resultados disponibles son muy favorables. Según Eurostat, el exceso de mortalidad registrado en 2020 fue un 7,7% superior al observado en el promedio de los últimos cuatro años.

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En España, por comparación, se produjo un repunte de los fallecimientos del 18,1%. Por lo tanto, Suecia tiene casi un 60% menos de fallecidos por covid-19 que nuestro país, pese a que no ha aplicado medidas de confinamiento ni restricciones masivas. Una comparativa que ya está dando de qué hablar, como demuestra esta nota publicada por Reuters.

Las cifras de Suecia podrían ser aún mejor de no ser por los contagios que se produjeron al comienzo de la pandemia en varias residencias de mayores. Se estima que tres cuartos de la mortalidad «extra» observada durante el último año se explica por este motivo.

¿Y la economía?

El impacto de esta estrategia también se traduce en unas cifras de producción económica mucho más saludables que las exhibidas por España. El PIB del país escandinavo se redujo un 2,9% durante el año 2020, mientras que en nuestro caso el descenso alcanzó el 10,8%. Por lo tanto, la caída de la economía sueca fue un 75% más baja que la nuestra o, dicho de otro modo, el descenso de su PIB es casi cuatro veces menor.

El empleo está mejorando en Suecia, tras haber alcanzado un 11,6% en el peor momento de la pandemia. El último dato de paro, correspondiente al pasado mes de febrero, arroja un desempleo del 8,7%. En cambio, en España vemos que el mercado de trabajo va a peor desde septiembre y la suma de parados, trabajadores en ERTE o autónomos con cese de actividad ya alcanza al 28,4% de la población activa (6,8 millones de personas).

Fuente: libremercado.com

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