Elena Berberana

«Llevamos semanas llorando. Siento una impotencia enorme por lo que está ocurriendo en mi país», confiesa Carlitos, un joven empresario boliviano que, desde hace doce años, vive en España. Desde Barcelona atiende a Libertad Digital y cuenta horrorizado la ola de terror, impuesta por el partido de Evo Morales, que está viviendo su hermano y su sobrina pequeña en Bolivia.

Hace dos años Carlitos pudo traer a sus padres a España. Ahora se le hace un nudo en la garganta y, entre lágrimas, cuenta que «será imposible sacar a su hermano del país». El clima que se respira en la sociedad boliviana es de pánico. Pánico a hablar, a ser acusado por los chivatos del partido gobernante, Movimiento al Socialismo. «Siento una gran impotencia. Cuando llegó mi madre a España, hace un par de años, ya traía un cuadro de ansiedad muy grave por lo que estaba viviendo en Bolivia. No se puede hablar. No puedes expresarte, comunicarte con los demás. Mi mejor amigo de toda la vida me ha dicho que tiene miedo a comentar algo porque puede entrar a la cárcel. El vecino te puede escuchar y te puede denunciar».

Bolivianos unidos en España

El ambiente totalitario y las escasas oportunidades de prosperar en Bolivia ha provocado que la inmigración se dispare en un 8% más en España en estos últimos años. En nuestro país residen un total de 878.211 bolivianos, en datos del 2019. En más de una ocasión han salido a manifestar su repulsa al régimen socialista en Bolivia y han mostrado su rechazo por el actual gobierno de España. El pasado domingo 14 de marzo, se concentraron en Cataluña y Murcia para denunciar las persecuciones políticas en Bolivia y pidiendo la liberación de la oposición.

María Núñez, boliviana y trabajadora de una empresa de limpieza, describe a Libertad Digital el contexto tan hostil que viven sus padres en Bolivia. «Están aterrados. Se llevan a gente que son señalados por sus vecinos y algunos incluso desaparecen y no se saben nada más de ellos. Nunca hemos visto algo así», lamenta la boliviana.

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Manifestación en Barcelona, el pasado 14 de marzo, contra el partido Movimiento al Socialismo

Igualmente, otro de los activistas bolivianos, Pedro Asenjo, manifiesta con pesar que «no volverá a ver a su familia por muchos años». «No sé si me señalarán y me meterán en la cárcel cuando llegue. No me fío de esta gente. Tampoco me habla claro por teléfono mi madre. No quiere decirme nada. Están muy asustados».

Pese a las manifestaciones, es difícil que los bolivianos den su nombre y apellidos a la prensa. Juan Gutiérrez Alonso, profesor de Derecho administrativo en la Universidad de Granada, estuvo viviendo durante años en Bolivia. Como él mismo admite, probablemente sea la persona en España que más sabe del país andino. «Hay en Europa y España muchos bolivianos universitarios, pero todos tienen pánico a hablar. Porque el régimen es de terror. Muy pocos estudiantes se atreven a dar su nombre porque no saben qué es lo que les puede suceder cuando vuelvan a su país. Ese es el ecosistema en el que nos encontramos. Es horrible esta deriva totalitaria».

Cómo se instaura una dictadura comunista en el siglo XXI

Como narra Carlitos, «la dictadura se les ha echado encima» y cuando han querido darse cuenta era demasiado tarde. «La dictadura ya no viene con tanques. La dictadura viene por el secuestro del poder judicial, de los medios de comunicación, y por la represión, con más impuestos y más miedo. Sin que te des cuenta se llega a un punto en el que ya te acostumbras a los escándalos y corrupción política. Y lo que te parecía un escándalo ayer, ya no te lo parece hoy», se queja.

Carlitos, Pedro y María conocen muy bien a la milicia armada del MAS, los Ponchos Rojos. «Cuando todavía vivía allí, una vez que iba con mi tía, nos encontramos en la carretera con los Ponchos Rojos y nos amenazaron con quemarnos vivos. Imagina ahora, es mucho peor. Tienen total impunidad para hacer lo que quieran. Nos miraron el coche y nos revisaron como si fueran ellos la policía», declara Carlitos.

«Si los Ponchos Rojos te señalan, date por muerto«, alerta Pedro Asenjo. Carlitos recuerda los castigos ejemplares que dan. «Esta gente te quema vivo o te flagela delante de todos, como le pasó a un alcalde. Lo llevaron a la plaza y lo torturaron delante de todos. Esta gente está llena de resentimiento y es muy peligrosa. Los Ponchos Rojos están al servicio de Evo Morales. Ellos tienen el control del narcotráfico, de la ocupación, de la expropiación, de las aduanas, del comercio y de todo».

«Mi amigo tuvo un accidente con alguien del partido de Evo Morales y solo rezo para que no le pase nada. Otro chocó con el coche accidentalmente contra una juez y la magistrada lo quería empapelar. Es puro caciquismo. Como lo que le ha pasado a la expresidenta Jeanine Áñez. Allí te mandan a la cárcel sin pruebas, solo porque les da la gana a ellos. Por eso hay tanto miedo entre la gente», explica Carlitos.

Fuente: Libertad Digital

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