Una niña llora en el recreo del colegio. Al intentar abrir la bolsa donde llevaba sus galletitas, se le desparramaron todas por el piso y se quedó sin nada para comer. Enseguida, una de sus amigas se acerca y para consolarla le ofrece de las suyas. Pero justo cuando le extiende su tupper para que se sirva, una maestra las interrumpe: “Chicas, no se pueden compartir los refrigerios”. Queda claro que el compañerismo y la amistad están en riesgo en el actual contexto “pandémico”. 

Los insólitos protocolos impuestos con la excusa de protegernos del misterioso virus Sars-CoV-2 constituyen tan solo una de las aristas del diabólico escenario en el que se ha aceptado dejar morir en soledad a las personas, muchos han dejado de ver a sus seres queridos y lo único importante pasó a ser “salvarse a uno mismo” mientras el resto de las personas que nos rodean son potenciales portadores de la gran amenaza virológica. El barbijo -tan desaconsejado para personas sanas en pandemias previas- ahora se convirtió en el principal estandarte de esta pesadillesca realidad que vivimos.

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A un año de haberse decretado en el país el aislamiento “social, preventivo y obligatorio”, se hace evidente que se perdieron vidas, bienestar y, sobre todo, perdimos humanidad. Así lo advierten el médico especialista en administración sanitaria Tomás Torres Aliaga y la licenciada en psicología y mágister en políticas sociales Alicia Torres Secchi, al hacer un balance de lo que hemos atravesado desde el primer decreto que nos obligó a quedarnos en casa y “con el cual el Gobierno nacional decidió enfrentar la epidemia de covid-19 para cuidar la salud de los argentinos”. 
«En ese momento, poco se conocía sobre el virus, aunque la población y especialistas contaban con múltiples saberes y experiencias en enfermedades, epidemias y cuidados de la salud”, recuerdan Torres Aliaga y Torres Secchi, quienes integran el grupo de Epidemiólogos Argentinos Metadisciplinarios, al que se ha buscado desde el principio acallar y desacreditar por distintos medios. 

Precisamente los conocimientos previos permitieron que algunos profesionales enseguida alertaran que “la estrategia del miedo iba a hacer más daño que el mismo virus”, tal como lo habían planteado en una nota pública del 30 de marzo de 2020 Torres Aliaga y Torres Secchi. “Poco después, el 17 de julio pasado, junto a Epidemiólogos Argentinos Metadisciplinarios, hicimos llegar preguntas y diferencias al presidente Fernández y a la Legislatura nacional, en notas que nunca tuvieron respuesta”, relatan.
En opinión de ambos profesionales, con múltiples historias e información sobre las consecuencias de las medidas adoptadas, “hoy son muchos quienes las cuestionan”. 
Ante la pregunta de ¿qué podría haberse hecho diferente? Torres Aliaga y Torres Secchi no dudan en enumerar y fundamentar:

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1 * Apostar a informar y convencer, en vez de generar temor o imponer restricciones. En ese sentido, apuntan que lo lógico hubiera sido comenzar con campañas masivas y positivas sobre cómo prevenir infecciones y reforzar la inmunidad natural “antes que depositar la única salida en una vacuna lejana, poco probada y sin garantías de cubrir a todos”. 
También consideran que debería haberse priorizado la difusión de prácticas de higiene, buena alimentación, ejercicio y exposición al sol; reforzar vínculos y afectos para todos y cuidados especiales hacia algunos. 
”Nunca hubiéramos empezado con decretos para encerrar en 24 horas a todo el país sin información previa ni hubiéramos comenzado por obligar o reprimir conductas, discriminar personas o apelar a generar miedo con imágenes o letanías sobre el número de enfermos y muertos”, remarcan.

2 * Invertir prioritariamente en prevención y en la asistencia precoz en lugar de destinar hartos recursos en alta complejidad.  Al respecto, Torres Aliaga y Torres Secchi argumentan que se debería haber apostado “a la soberanía de la clínica, a la presencia de síntomas y a la epidemiología antes que salir a la calle a pescar casos con la simple presencia del virus en pruebas de dudosa efectividad (PCR)”. 
Asimismo, enfatizan: “Hubiéramos destinado la mayor parte de los recursos a mejorar servicios y condiciones laborales de trabajadores de primer nivel (consultorios, dispensarios) para favorecer la accesibilidad a la asistencia profesional en vez de comprar tantas camas o respiradores. Y cuidar especialmente de reducir la desigualdad de recursos sanitarios en los lugares más pobres y alejados”.

INFORMAR, NO CASTIGAR

3. * Recurrir primero al personal sanitario para informar y asistir en vez de apelar a las fuerzas de seguridad para reprimir o castigar. En la misma línea, remarcan que deberían haber abierto, en lugar de cerrar servicios con el pretexto de prepararlos y facilitar la circulación interna en lugar de ordenar cuarentenas de personas sin síntomas. 
”Incrementar elementos de protección personal para trabajadores esenciales en lugar de universalizar la obligación del uso de barbijos, guantes o el rociado con alcohol en superficies inertes (es decir, donde el virus no vive con fuerzas para enfermar)” son otras medidas que, según el médico y la psicóloga habrían permitido un mejor manejo frente al Sars-CoV-2.

4. * Dedicar los primeros esfuerzos a normatizar los servicios sanitarios en lugar de desperdiciarlos en protocolos para ordenar la vida cotidiana de la población. “Asegurar, primero, que el personal de salud cuente con criterios y registros confiables sobre diagnósticos diferenciales y con relevamiento de comorbilidades en los fallecidos a fin de orientar las investigaciones y precisar los tratamientos” eran cuestiones centrales a implementar en un primer momento. 
“Jamás hubiéramos invertido la lógica de los diagnósticos diciendo: ‘Todo es covid hasta que se demuestre lo contrario’, renunciando al mismo tiempo a asistir enfermedades más frecuentes o graves”, subrayan ambos profesionales, quienes tampoco hubieran “reconocido para la atención de pacientes con covid un valor superior al que se paga por la atención de patologías similares, ya que esto puede resultar en distorsión de datos y sobrefacturación”.

OBEDIENCIA COMO REGLA


5 * Apostar prioritariamente a la descentralización ejecutiva sobre clausuras de servicios en lugar de bajar órdenes desde el poder central hacia personas sin legitimidad institucional (como es el caso de Consejos Operativos de Emergencia- COE-) para organizar y sancionar la vida cotidiana de la gente en un país tan extenso y diverso.
  “Confiando en la experiencia y saberes de la población para cuidar y cuidarse, hubiéramos depositado en instituciones locales las decisiones sobre cierres de servicios a fin de limitarlas en tiempo y espacio de acuerdo al aumento de casos”, apuntaron Torres Aliaga y Torres Secchi, al tiempo que en esa misma línea consideraron las ventajas que hubiera implicado mantener abiertas las escuelas los mayores períodos de tiempo posible como lugares especiales para captar y asistir precozmente a enfermos.
”Si de cuidar la salud de los argentinos se trataba, muchas enfermedades y muertes podrían haberse evitado con decisiones que no hubieran considerado a la población como ignorante e irresponsable. Por el contrario, todo ocurrió mediante órdenes apoyadas por la mayoría de los partidos políticos, trasmitidas por la mayoría de los medios y avaladas por una mayoría de profesionales que abandonaron el espíritu científico y la medicina basada en la evidencia por prácticas basadas en la obediencia”, sentencian.

A modo de conclusión, el médico y la psicóloga resaltan que la apuesta de todos al miedo y a la imposición resultó en la disminución de las defensas naturales, la distancia o desconfianza hacia los servicios de salud o el descuido de patologías mucho más graves. “Órdenes sin convencer resultaron en desobediencia a cuidados necesarios. La letanía de protocolos solo demostró la pérdida de confianza en el ser humano, sus capacidades e instituciones”, insisten. 
”Quienes creemos en mejores alternativas, aunque seamos minorías, insistimos en la necesidad de reconocer saberes y recursos previos y avanzar en función de la información verificable y de los consensos”, expresan y recuerdan que “siempre estamos a tiempo”.

Fuente: laprensa.com.ar

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