Las más de treinta mil carpetas rojas, con los pertinentes papeles manuscritos del actual ex fiscal José María Mena Álvarez, correspondientes al ‘Expediente Royuela’, depositadas en un zulo de la clínica abortista del Dr. Morín (vídeo 37), no se generaron espontáneamente, como aparentemente se supone, sino que, a pesar de desconocer su comienzo, el hilo conductor finaliza con la jubilación del firmante.

Fascina la envergadura de este tesoro histórico-judicial que, casi día a día, describe pormenorizadamente los actos de una banda criminal manifiestamente experimentada en delinquir, desde la potestad que confiere el ejercicio distorsionado hacia los más bajos y primitivos instintos de una magistratura delegada, en representación del Ministerio de Justicia.

Los papeles de ida y vuelta dan cuenta de la vida cotidiana de una organización muy estricta en cuanto a las normas de seguimiento y cumplimiento de todo lo pactado a la carta, según los peticionarios de intereses tenebrosos, que se retroalimentaba, según avanzaba, en la superación de sus canalladas.

La práctica de un rastreo exhaustivo se extendía desde el encargo hasta seis meses posteriores hasta la eliminación física estipulada, dado que se trataba de algo verdaderamente importante como una persona molesta, o una herencia en el horizonte, se desplegaban medios adecuados a todos los niveles sociales para control y ejecución.

Desde cualquier ángulo se puede intentar rebatir lo que refleja en sus líneas manuscritas bajo un mismo y reiterativo tipo de letra que, por el volumen de documentos, es prácticamente imposible haber sido inventada y falsificada por mano humana. De hecho, varios peritos calígrafos, y en varios países, han emitido informes de sus análisis, llegando a idéntica conclusión: pertenecen a la persona que se ha negado rotundamente a ser investigado.

Hasta ahora, lo aportado en las redes parece ser que es un 30% de la totalidad, y sin desperdicio, de manera que, lo descrito es tan contemporáneo que resulta un recordatorio de lo ya leído en la prensa, pero expresado en términos tan diferentes como opuestos.

Ver y escuchar los más de 150 vídeos produce náuseas y vértigo al descender escatológicamente hacia un submundo siniestro y muy difícil de entender en una sociedad que está, en unas ocasiones, sedada, mientras que, en otras, no se mueve por estar anestesiada, hecho que, quienes pueden, aprovechan para avanzar hacia el totalitarismo por dejación de funciones de las instituciones, que miran pero no ven, que oyen pero no escuchan, y sin cumplir la ley escrita.

La ley, ante las mil y una interpretaciones judiciales, significa indefensión del demandante/querellante aún con pruebas a su favor, porque la admisión a trámite ya asemeja un juego de azar, pues admite todas las posibilidades, incluso ninguna. ¿Con justificación o sin ella? La instrucción, otro freno a rebasar en una carrera de obstáculos sin solución de continuidad hasta conseguir fecha de la vista oral.

Los razonamientos jurídicos pueden estar contaminados desde el momento en que el raciocinio depende de la capacidad intelectual del administrador, siempre y cuando no sobrevalore más la ideología política que la imparcialidad, como ya ocurrió con las querellas fallidas en 2006 y 2009.

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