Aunque dicen no meterse en política y en religión, los masones no han hecho otra cosa desde el siglo XVIII. Se han metido en política para activar procesos revolucionarios y secesionistas.

Y se han metido contra la religión, para perseguir al catolicismo -y a los católicos-. Incluso físicamente: ahí están los 2.500 sacerdotes y religiosos asesinados en el debe de Lluis Companys, que proclamó el Estat Catalá, en 1934, el modelo de Puigdemont, el ícono de la Declaración de Independencia.

Los masones han apoyado la independencia catalana, como apoyaron la independencia de las provincias española de América Latina a principios del siglo XIX.

La independencia de la Corona española en el Nuevo Mundo hubiera sido impensable sin la masonería.

A ejemplo de George Washington, los también masones Bolívar y San Martín hicieron lo propio en Venezuela-Colombia y Argentina-Chile respectivamente. Y esa influencia, incubada en el Cádiz de 1812, se propagó posteriormente en la política española.

Singularmente Cataluña se convirtió, ya en el siglo XIX, en un foco de políticos masones –con personajes tan relevantes como el general Juan Prim-.

En la Barcelona del primer tercio del siglo XX, los masones copan las formaciones socialistas, anarquistas y de ERC (Esquerra Republicana).

Esta última se fraguó en las logias barcelonesas. Resulta significativo que el logo del partido fuera un triángulo (masónico) que contenía las cuatro barras de la bandera catalana.

No por casualidad, masones fueron los principales dirigentes de ERC, empezando por su precursor, el abogado de familia con posibles Francesc Layret, y posteriormente los dos políticos más emblemáticos de Esquerra: Macià y Companys.

Durante la II República, catorce consejeros de los distintos gobiernos de la llamada Cataluña autónoma eran masones, y singularmente los que proclaman el Estat catalá, primero Francesc Maciá (1859-1933); y después Lluis Companys (1882-1940).

Este último fue iniciado en la logia Lealtad número 6 en 1922. En 1929 recibió el grado 2º -aunque no se conoce su nombre simbólico-.

Companys proclamó el Estat catalá, el 6 de octubre de 1934 –y un 6 de octubre era la fecha simbólica que barajaron inicialmente los golpistas para declarar la independencia-.

Y es el ícono de Puigdemont, Junqueras y los golpistas, al que citan constantemente.  El gran mártir del independentismo, condenado a muerte por un consejo de guerra franquista en 1940.

Aunque Companys fuera, a su vez, un mártir un tanto sanguinario. En coalición con con las fuerzas anarquistas inició una persecución religiosa en Cataluña que se saldó con el asesinato de 2.500 sacerdotes y religiosos.

Posteriormente, los masones, perseguidos durante el régimen de Franco (que puso en marcha el Tribunal de Represión de la Masonería) han apostado por el nacionalismo y muchos de ellos lo han hecho abiertamente por el secesionismo de Cataluña.

Las logias tienen longa manus especialmente en el Partido Socialista de Cataluña -con su doble juego entre el federalismo y la complicidad con el secesionismo- y en ERC, pero están en representados en casi todos los partidos importantes, como afirma  Javier Barraycoa.

Eso puede explicar por qué la Generalitat ha sido la única institución del Estado español que ha hecho una declaración institucional reconociendo la masonería como colectivo injustamente perseguido con el régimen franquista.

Quien fuera conseller y vicepresidente del Tripartito (2004-2010), José Luis Carod-Rovira (ERC) presentó una iniciativa en el Congreso de los Diputados para pedir que se devuelvan a las logias masónicas los bienes que les incautó el régimen franquista al término de la Guerra Civil.

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