Michael Levitt es un físico y biofísico sudafricano. En 2013, recibió el Premio Nobel de Química junto con Arieh Warshel y Martin Karplus por el desarrollo de modelos y programas informáticos que permiten entender y predecir el comportamiento de complejos procesos químicos.

Ha sido una de las voces de la comunidad científica que se ha pronunciado con mayor contundencia contra el aislamiento estricto que algunos países implementaron por el coronavirus.

Levitt nació en Sudáfrica y ganó el Premio Nobel de Química junto a Martin Karplus y Arieh Warshel por desarrollar los programas computacionales de gran alcance que se utilizan para entender y predecir complejos procesos químicos.

Cuando empezó a surgir información sobre el SARS-Cov-2, el doctor en biofísica decidió analizar el desarrollo de su predecesor: el SARS-Cov, que emergió en 2003 en China.

“Lo importante era empezar a entender cuán peligroso es (el nuevo coronavirus)”, señala evocando el mes de enero.

El investigador inició la recopilación de datos sobre los casos y las muertes que se estaban produciendo en la nación asiática, donde también se desencadenó el nuevo brote, y registró lo que encontraba.

Se dio cuenta de que, aunque el nuevo coronavirus avanzaba mucho más rápido que su antecesor, la tasa de letalidad parecía ser menor que la del SARS-Cov. “Vi muy rápidamente, quizás en mi primer reporte del 2 de febrero, que de hecho el virus se estaba desacelerando”, explica.

“No soy un epidemiólogo, pero me gustan los números”, aclara al comienzo de la entrevista que ofreció desde Israel.

Levitt, quien actualmente es profesor de la Universidad de Stanford (Reino Unido), criticó en el impreso fuertemente las medidas que adoptaron la mayoría de líderes políticos alrededor del mundo para controlar la pandemia del coronavirus.

“Creo que las cuarentenas no salvaron ninguna vida. Por el contrario, considero que mataron a más personas de las que salvaron”, manifestó el ganador del premio Nobel de Química (2013) en el rotativo británico.

Luego, agregó: “Se habrán salvado algunas en accidentes de carretera y en cosas así, pero el daño social por el abuso doméstico, los divorcios, el alcoholismo, ha sido extremo. Además, están los que no fueron tratados por otras enfermedades”.

“Estoy seguro de que el confinamiento pudo haber salvado vidas en el corto plazo, pero el daño económico costará vidas”, indica. “El confinamiento estricto es el que es peligroso.

“Yo podría decir que un niño que es golpeado por su padre que está enojado por perder su trabajo es una pérdida terrible, es algo que puede afectar a una persona de por vida. Y eso quizás es una perdida mayor que la muerte de alguien de 85 años”.

El biofísico sudafricano, igualmente, señaló que el verdadero problema fue que los gobernantes entraron en pánico cuando inició la emergencia sanitaria y no supieron tomar decisiones acertadas en momentos fundamentales.

“El verdadero virus que hubo fue el del pánico, del cual fueron presa los líderes mundiales por razones que todavía no me quedan claras”, agregó el reconocido científico en el diálogo con el diario inglés.

Michael Levitt es un físico y biofísico sudafricano. En 2013, recibió el Premio Nobel de Química junto con Arieh Warshel y Martin Karplus por el desarrollo de modelos y programas informáticos que permiten entender y predecir el comportamiento de complejos procesos químicos. 

A pesar de que aseguró que los confinamientos obligatorios pueden ayudar a controlar una pandemia, como la del COVID-19, el profesor puntualizó en el rotativo que la propagación del brote se pudo contener con otros métodos más sensatos y modernos.

Levitt finalmente insistió que el coronavirus desaparecerá más rápido de lo que la mayoría de los expertos dicen y que la tasa de fatalidad en los diferentes países equivaldrá a alrededor de un mes adicional de “muertes naturales”.

A lo largo de la entrevista, el profesor de biología estructural de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, insiste en que no quiere ser irrespetuoso con las personas que han muerto por el coronavirus, lo cual es una “tragedia”, pero plantea cuán importante hubiese sido discutir y balancear más las medidas tomadas.

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