En la carátula del último número de la revista The Economist, del 17 de junio al 3 de julio, las elites globalistas nos comunican su particular manera de ver la cosas que se vienen implementando, gradual y subrepticiamente, en torno a la “nueva normalidad” teniendo como trasfondo un contexto planetario potencialmente apocalíptico. Para hacernos creer todo esto la condición básica consiste en asegurar (para las élites, se entiende) una humanidad sometida al miedo (o a la amenaza) permanente (como la actual “pandemia”), dispuesta a sacrificar su libertad para acatar las relaciones de convivencia y las medidas de “protección” que se dictaminen desde el Nuevo Orden Mundial.

Pregunta de cajón: ¿por qué el niño de la imagen no lleva la máscara antigas (como sus padres y la mascota de la familia), pero sí un casco militar? Se responde esta pregunta más adelante, antes de lo cual es necesario pasar previamente por un ejercicio numérico.

Recordemos un fragmento del difundido discurso de Bill Gates en el famoso “Event201”, organizado y patrocinado por su fundación en Nueva York, octubre del 2019:

“El mundo tiene actualmente 6 800 millones de personas y está en camino para llegar a 9 000 millones. Ahora, si hacemos un gran trabajo en nuevas vacunas, cuidado de salud y servicios de salud reproductivos, podríamos disminuir esa cifra, quizá 10 o 15%”.

Procedamos ahora con un rápido ejercicio numérico de esas cifras, empezando con las que se utilizaron en la simulación del “Event201”: reducir la población actual en 15% implica disminuirla (con 1 o más “pandemias”) a 5 780 millones, es decir, una reducción de 1 020 millones; mientras que con la tasa del 10% la magnitud resultante sería de 6 120 millones (reducción de 680 millones). En términos temporales implica un lapso de 1 año y 2 meses, o de 1 año y 1 mes, dependiendo de la tasa que se elija.

Al 30 de junio del 2020, según las cifras oficiales, hay 10.3 millones de personas infectadas y 507 000 fallecidos en todo el planeta.

(www.rtve.es/noticias/20200630/mapa-mundial-del-coronavirus/1998143.shtml). Aun sumando a la cifra de los oficialmente fallecidos los “casos críticos” que en teoría vendrían a ser el 5% de 10.3 millones (515 000 casos) se alcanzaría algo más de 1 millón de fallecidos (1 022 000), pero a una distancia considerable de los 1 020 millones de la “meta” simulada. En otras palabras, esta meta no es posible que sea alcanzada en un tiempo tan corto (1 año). En el marco de este escenario hipotético, los globalistas necesitan una segunda, tercera o más oleadas de pandemias.

A más de tres meses de haber sido declarada la “pandemia” por la OMS, el 11 de marzo (6 meses desde que fue reconocida por el gobierno del PCCH), se puede apreciar entonces que los patrocinadores malthusianos (o eugenésicos), interesados(as) con Bill Gates a la cabeza en la disminución de la población mundial, se hallan bastante lejos de alcanzar la “meta” simulada en su “Event201” a pesar de todos los esfuerzos gubernamentales de etiquetar por encargo a los fallecidos con lo mismo (COVID-19), mediante la reclasificación de muertes, las cifras infladas y la distorsión estadística. Como afirmaba de manera contundente la Dra. Judy Mikovits en el vídeo censurado (Plandemic): “No mueres con una infección, mueres por una infección”; pero para quienes dictan las políticas del sistema sanitario de los Estados Unidos (modelo y paradigma de esta civilización en decadencia, disimulada con su pomposa tecnología), les resultaba de poca importancia hacer esa diferenciación y optaron por “un enfoque muy liberal de la mortalidad” (Dra. Deborah Birx, coordinadora del grupo de trabajo WH COVID-19 y consejera presidencial, citada en Plandemic).

Surge entonces la pregunta: ¿cuánto tiempo (en años) se requiere para alcanzar una reducción de 1 020 millones, a partir de la mortalidad actual del COVID-19 (507 000 fallecidos), considerando la tasa más alta de la simulación (15%)? Utilizando la fórmula del interés compuesto, el resultado es sorprendente: más de medio siglo (54 años y 5 meses), o 75 años 7 meses si fuera según la tasa del 10%.

La idea consistiría en evitar que la población mundial llegue a los 9 000 (o 10 000) millones y mantenerla por debajo de cierto umbral. (Para esto, una política pública podría ser el control de la natalidad, sobre todo en el Sur global). Dicho umbral es la verdadera intención del globalismo y se encuentra tallado en piedra, en las “misteriosas” Piedras de Georgia, el primero de cuyos principios dice lo siguiente:

“Maintain humanity under 500 000 000 in perpetual balance with nature” (Mantener a la humanidad por debajo de 500 000 000 habitantes, en equilibrio perpetuo con la naturaleza).

Si en las condiciones actuales, tal como se vio, es imposible alcanzar en 1 año la meta de reducción establecida por simulación en el “Event201” y que requeriría un plazo de cumplimiento entre 50 y 75 años, ¿cuál será el tiempo requerido para el objetivo programático de bajar la población en el mundo a 500 millones? Esta cantidad representa (en números redondos) el 7% de la población actual, lo cual quiere decir que la población debe ser reducida en 6 300 millones (93%). Con la misma lógica debemos preguntar: ¿en cuánto tiempo se alcanzaría la reducción de 6 300 millones, sabiendo que la “pandemia” arroja hasta ahora (al 30 de junio) 507 000 fallecidos? Ese resultado se alcanzaría en algún punto intermedio del intervalo de tiempo anterior, es decir, dentro de 67 años y 5 meses (en el año 2087).

Cabe esperar que los expertos que hicieron las simulaciones del “Event201” hayan recibido el encargo de hacer el seguimiento continuo a cómo evoluciona esta “pandemia”, introduciendo ajustes en los cálculos y modificando los supuestos de partida, con el propósito de reducir (minimizar) el tiempo que se necesita para llevarnos al tamaño demográfico deseado por las elites. De ahí que el encierro en nuestras casas, el aislamiento/distanciamiento social, la privación de nuestras libertades, la destrucción o reseteo de las economías, el uso obligatorio de mascarillas deshumanizantes (respirando una y otra vez el dióxido de carbono que expulsamos por las fosas nasales); todas estas medidas que son presentadas como “estrategias” para supuestamente protegernos y limitar la propagación del bicho, adquieren otro connotación cuando las ubicamos en su verdadero contexto y real dimensión, pues no nos dan protección y lo que persiguen más bien es nuestra obediencia y sometimiento, reglamentando nuestra existencia (llamada “nueva normalidad”) mediante la enajenación de la capacidad de decidir por uno mismo o de manera colectiva, limitando cualquier libertad de desplazamiento, meternos pánico y miedo, debilitar el sistema inmune. En fin, son estrategias que a la larga nos van preparando emocional y psicológicamente, dejándonos expeditos para el sacrificio o el momento final, pues en el interín vendrán las vacunas, los chips y el 5G.

Es legítimo preguntar si las élites estarían dispuestas a esperar 87 años (hasta fines de este siglo) para ver cumplido el objetivo trazado en las Piedras de Georgia. En ese plazo de tiempo y de acuerdo al ciclo de vida natural, las generaciones de hoy habremos partido de este mundo y seremos completamente sucedidas por los hijos de nuestros nietos o biznietos; pero es probable también que para ese tiempo venidero, de mantenerse el actual modo de producción, sistema de dominación y patrón de poder, la Tierra se encuentre completamente (casi) agotada y/o destruida, al borde del colapso definitivo y de la desaparición de toda forma de vida, incluyendo la vida humana.

La respuesta es definitivamente negativa y la explicación reside en los cuadros que rodean a la familia en la imagen de portada de The Economist. Las elites buscarán la reducción de la población no solamente mediante “pandemias” sino que también será provocada con poderosos medios tecnológicos, incluyendo los conflictos militares o guerras nucleares (de baja intensidad). Las primeras víctimas han sido y seguirán siendo las personas de edad avanzada (nuestros adultos mayores) y quienes tengan situaciones de salud más complicadas, luego vendrán los mayores de 60, seguirán las personas adultas menores de 60, y así sucesivamente de manera escalonada: en la imagen, solamente los padres del niño están con máscaras de protección, representando la nueva “población vulnerable” una vez que se haya arrasado (exterminado) la vida de los mayores, a menos que sea alguien de la elite o esté en su séquito. Hace poco el Dr. Andreas Kalcker, en una entrevista del 28 de junio a un medio boliviano (El Polígrafo), afirmó que “estamos en una tercera guerra mundial” y muy pocos se están dando cuenta de la potencial gravedad de esta situación.

Las elites no quieren ni desean salvar el mundo sino salvarse a sí mismas, para lo cual han estimado que los recursos naturales que quedan (especialmente fuentes de agua y tierras cultivables) no alcanza para todos y solamente requieren de un volumen poblacional (500 millones) que sea suficiente y esté a su servicio, a fin de administrar o regentar la economía mundial que -según sus previsiones- llegará a estar robotizada, informatizada y automatizada. Quienes no tengan la suerte de ser parte de este engranaje (las mayorías del mundo) pasarán a constituir los nuevos “condenados de la Tierra” y por tanto seres humanos prescindibles.

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