La administración Trump interpuso cargos por narcotráfico contra Nicolás Maduro la semana pasada y ofrecen una recompensa de 15 millones por su cabeza. Además se estableció recompensas de 10 millones de dólares para muchos altos cargos del régimen dictatorial. Según la acusación que fue dada a conocer en una rueda de prensa por el fiscal general americano, William Barr, Maduro ha permitido usar Venezuela como un lugar seguro para el narcotráfico en la región. También ha dicho que Maduro ha inundado Estados Unidos de cocaína y por eso ha mandado un mensaje a los altos funcionarios y exfuncionarios del chavismo: La fiesta se está acabando.

Donald Trump está decidido a acabar con el narcorégimen de una vez por todas y para ello pretende utilizar todas las herramientas que tiene a su disposición. El ejército estadounidense ha realizado un despliegue militar en la zona, rodeando Venezuela con una gran variedad de vehículos equipados con armamento de guerra. El despliegue militar norteamericano contra Maduro fue anunciado apenas 24 horas después de que el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, presentara una propuesta para la conformación de un gobierno de transición en Venezuela. Esta propuesta establece la participación de representantes chavistas en condiciones de igualdad con la oposición para llevar al país a la celebración de unas elecciones presidenciales y legislativas en un plazo de seis a doce meses.

Lo más destacado de esta operación antinarcóticos es el gran despliegue de fuerzas y tropas. De acuerdo con el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de EE.UU., en la operación participan miles de guardacostas, soldados de infantería, marinos, así como miembros del cuerpo de Marines y de la Fuerza Aérea. Se suman barcos de guerra adicionales procedentes de su Comando Europeo (EUCOM) y de su Comando del Pacífico (PACOM). El ejército también ha desplegado los destructores, unos barcos de guerra multifunción, con capacidades defensivas y ofensivas, que pueden realizar operaciones antiaéreas, antisubmarinos y antisuperficie. Entre sus sistemas de ataque cuentan con los temibles misiles Tomahawk.

En la “operación ampliada antinarcóticos” participan diferentes agencias e instituciones de Estados Unidos, incluyendo el Cuerpo de Guardacostas, el Departamento de Seguridad Nacional, la Agencia Antidrogas (DEA), el Departamento de Justicia, miembros de la comunidad de inteligencia y el Departamento de Defensa.

La misión es reducir la entrada de drogas ilegales en EE.UU., pero también destruir el soporte financiero de las relaciones entre el narcotráfico venezolano y el Deep State americano para realizar sus actividades malignas. En los últimos días hemos visto movimientos extraños en el país sudamericano, como por ejemplo el nombramiento de Tareck El Aissami como nuevo ministro de petróleo. Este alto cargo tiene antecedentes por narcotrafico y colaboración con grupos terroristas islamistas. Además el narcorégimen ha cerrado los principales accesos a Caracas en medio de una creciente tensión social.

En un intento final por intentar salvarse, el dictador bolivariano ha apelado por un cese al fuego en Venezuela y sugirió un “acuerdo humanitario” contra el coronavirus. Pidió a todas las fuerzas políticas poner las diferencias a un lado para responder en unidad a la crisis del COVID-19. También dijo estar dispuesto a recibir ayuda de Estados Unidos a través de la OMS y la OPS, pero esto es algo que no va a suceder. Maduro ha tenido tiempo de sobra para cambiar el rumbo de su destino y traer paz a su país. Cuando el gobierno norteamericano pone precio a tu cabeza ya es demasiado tarde.

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